Nosotros oímos de él mismo [Cristo] su mensaje y se lo anunciamos a ustedes:
Que Dios es luz y que en él no hay tinieblas, . . . y si andamos en la Luz, como él está en la Luz, estamos en comunión unos con otros . . ." (1 Juan 1:5-7).
En nuestra declaración de 1992 Cuando Pido Ayuda, condenamos la violencia doméstica contra las mujeres y manifestamos inequívocamente que ni las Escrituras ni la Iglesia justifican situaciones abusivas. Condenamos ahora otro tipo de violencia: el abuso sexual de menores, especialmente en el hogar o en un contexto familiar.
El abuso sexual de menores consiste en la explotación de un niño para la gratificación sexual de un adulto. Puede incluir exhibicionismo, caricias y contacto sexual, y también el uso de menores en materiales pornográficos.1 Debido a que el abuso frecuentemente ocurre en el hogar y las víctimas son menores, el abuso sexual de menores en el curso de los siglos ha sido encubierto por una conspiración de silencio. La gente tiende a pensar que ciertas figuras dotadas de autoridad, tales como padres, padres adoptivos, profesores o sacerdotes, están por encima de cualquier reproche, que esos "pilares de la comunidad" no podrían abusar de los menores. El comportamiento abusivo frecuentemente se oculta detrás de máscaras de amor y confianza.
Mientras la incidencia real del abuso sexual de menores permanece desconocida, es sin embargo significativa.2 Nosotros afirmamos, firme y claramente, que cualquier acto de abuso sexual de un menor es moralmente reprobable. Nunca se puede justificar.
El abuso sexual ocurre en todos los grupos raciales y culturales; en
áreas rurales, suburbanas y urbanas; y en todos los niveles
socio-económicos y educativos. Las autoridades creen que muchos casos no
son conocidos porque involucran a la familia o a amistades.
Las víctimas de abuso sexual que se conocen son, en su mayoría, menores
de edad escolar. Sin embargo, hay evidencia que indica que el abuso
sexual puede comenzar a una edad incluso más temprana. Al menos, un
centro importante de tratamiento informó en 1993 que el 25 por ciento de
sus pacientes son de cinco años o menores.6
Debido a que el transgresor teme ser descubierto, el abuso sexual
comunmente tiene lugar en secreto y se protege con silencio. La negación
del abuso sexual es mucho más fuerte que la negación del abuso físico o
emocional, y comunmente el niño se aísla con el abuso y sus efectos.
Los menores frecuentemente se culpan a sí mismos por la situación de
abuso. Es importante, pues, tranquilizar al niño dándole la seguridad de
que él o ella no es responsable del abuso. La responsabilidad cae sobre
el adulto al violar lo personal e íntimo que el menor no pudo proteger
por sí solo.
Los transgresores provienen de todas las clases sociales, todos los
niveles económicos, y todos los grupos étnicos. Los hombres cometen un
90 por ciento del abuso sexual, y de un 70 a un 90 por ciento es
cometido por personas que el menor conoce. Los miembros de la familia
constituyen de una tercera parte a una mitad de los que acosan a niñas y
de un 10 a un 20 por ciento de los que acosan a niños.7
Es imposible identificar con exactitud posibles transgresores sexuales.
Diversos estudios indican que pueden tener una inclinación mayor a
abusar de las drogas y el alcohol; pueden haber sido abusados en su
niñez o haber presenciado el abuso; tener muy baja auto-estima;
consideran una relación sexual con un niño más fácil y menos amenazadora
que con un adulto; mantienen expectativas rígidas de los roles dentro
de la familia, y ven con sospecha a cualquier persona que no es de la
familia; justifican sus acciones; y no consideran que su acoso es
moralmente injurioso. Algunos transgresores sexuales, sin embargo, no
muestran ninguna de estas características, mientras que otros muestran
sólo unas pocas. Otros podrían desplegar muchas de estas características
sin haber nunca contemplado la posibilidad de acosar sexualmente a un
niño.8
El proceso de abuso es complejo y variado. Típicamente se desenvuelve
en el transcurso del tiempo. En la preadolescencia y en menores más
jóvenes, frecuentemente comienza como un juego "especial" entre el niño y
el transgresor, algo que nadie más tiene el "privilegio" de compartir.
En la mayoría de los casos el transgresor sexual tiene una posición de
autoridad sobre el niño, es alguien al que el niño ama y en quien
confía.
Inicialmente, los transgresores pueden tratar de explicar sus acciones.
Ellos pueden decirle a un joven preadolescente con curiosidad hacia la
sexualidad, "Esta es tu educación sexual". Cuando un niño muestra
perturbación, el transgresor puede decir, "Esto te ayudará a sentirte
mejor". Los menores no comprenden qué sucede y con frecuencia siguen la
corriente, especialmente al principio.
Cuando las caricias progresan a encuentros sexuales más íntimos, los
transgresores suelen decirle al niño, "Este es nuestro secreto, sólo
entre tú y yo". A veces hay una amenaza de castigo o daño a otros si el
niño cuenta a alguien lo que sucede. Entonces cuando los sentimientos de
culpabilidad y vergüenza afloran, los menores se cohiben. Están
demasiado atemorizados para buscar ayuda. Dar a conocer un "secreto de
familia" al mundo es impensable.
Ciertas señales físicas y de comportamiento así como también
comentarios indirectos hechos por el niño pueden ser señales de que hay
abuso sexual. Hay varias pistas que se pueden seguir cuando uno sospecha
la posibilidad del abuso sexual de un niño. Las señales físicas
incluyen irritación, dolor o daño en el área genital o infección genital
o urinaria. Un niño puede aislarse o mostrar súbitamente un cambio
inexplicado en su comportamiento. Otras señales pueden ser
comportamiento nervioso, agresivo, hostíl o perturbador hacia los
adultos, especialmente los padres. Un niño puede manifestar trastornos
en las comidas o el sueño, incluyendo pesadillas o insomnio. Se debería
también estar alerta si se percibe conocimiento o acciones de una
naturaleza sexual que no son apropiadas de la edad. Una sola señal no
sería una indicación positiva ya que cualquiera de estas señales podría
indicar otras condiciones también. Sin embargo, si varias de estas
señales están presentes en un menor, la posibilidad de abuso sexual
debería considerarse y se deberán tomar las medidas indicadas,
incluyendo una evaluación médica.
El grado de daño que sufre un menor como resultado de abuso sexual
depende de diversos factores, incluyendo la naturaleza del acto, la edad
del menor y el ambiente general que lo rodea.9 El abuso sexual puede
ocasionar daño físico tal como heridas, desfiguración y deformidades. El
daño emocional puede incluir una baja auto-estima; sentimientos
profundos de culpabilidad; sentimientos de aislamiento que conduce a la
marginación social; la incapacidad de confiar o de mantener amistades;
el comportamiento sexual inapropiado; incapacidad para relacionarse
sexualmente con el cónyuge; y el síndrome traumático de tensión
posterior, tal como, recuerdos, adicción al alcohol o a las drogas y la
depresión. Un experto destaca, "Aunque el abuso sexual de un niño no
siempre conduce a un daño permanente, uno debería considerar que todas
las experiencias sexuales de abuso son potencialmente nocivas".10
Nosotros sabemos, también, que el ciclo de abuso, a menos que se rompa,
puede continuar en generaciones sucesivas.
A nosotros nos preocupan los efectos del abuso sexual en el desarrollo
total de menores abusados y de los supervivientes adultos; como
pastores, estamos particularmente interesados en el desarrollo
espiritual y la práctica religiosa. Los menores, por ejemplo, comúnmente
basan su imagen de Dios—quién es Dios y cómo Dios actúa—en los adultos
que ellos encuentran en sus familias y parroquias. Cuando la persona que
los abusa sexualmente es también un padre u otro adulto de confianza,
los menores podrían tener dificultad en imaginarse, mucho menos
desarrollar, una relación con un Dios amoroso. Esta dificultad puede
intensificarse si el transgresor se percibe como una persona activa en
la Iglesia. Los menores pueden sentirse enojados con Dios y actuar con
hostilidad hacia aquellos que son ministros de Dios. Algunos pueden ver a
Dios con terror, a causa de imágenes distorsionadas de Dios adquiridas
en sus experiencias pasadas. Muchos son incapaces de rezar y rechazan su
fe religiosa.
Las víctimas de abuso sexual pueden encontrar que los sentimientos de
ira, traición y culpabilidad dificultan el crecimiento espiritual.
Pueden encontrarse con disposición al odio a sí mismos y a la
auto-destrucción. Puesto que ellos no se aman a sí mismos, no pueden
creer que nadie más, incluyendo Dios, los ame. Se pueden preguntar
airadamente: "¿Dónde estaba Dios en todo esto? ¿Por qué no me ayudó
Dios?"
La Escritura nos recuerda que Jesús extiende su poder sanador en las
circunstancias más desesperadas. Recuerden, por ejemplo, la historia de
la hija de Jairo, a quien Jesús resucitó (Lc 8:41-56). En esa situación
aparentemente sin esperanza, Jesús le extendió la mano a la niña,
reanimó la chispa de vida en ella, y la devolvió a la comunidad. Su
cuidado fue muy humano. Denle algo de comer, Él pidió a los presentes,
cuando ella comenzó a caminar por la sala.
Los afectados por el abuso sexual desean ser sanados. Anhelan librarse
de la carga pesada que llevan dentro de sí. Los transgresores, también,
buscan sanción, una vez que ellos llegan a reconocer y a sentir el dolor
tan terrible que han causado.
Hoy, Jesús todavía restaura el espíritu humano mediante la oración y la
vida sacramental de la Iglesia. La Eucaristía, una señal del amor de
Dios para nosotros, es una celebración del proceso continuo de sanción y
reconciliación. Muchos han recibido paz y fortaleza de los servicios de
sanción o de grupos de oración para "sanar la memoria". Además, el
sacramento de reconciliación da la oportunidad de entregar a Dios
eventos y personas del pasado, teniendo en cuenta que su amor puede
traer el bien de algo malo. Como la Epístola a los Romanos nos asegura,
"Sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman"
(8:28).
Como parte del proceso de sanción, nosotros nos damos cuenta de que ese
perdón es uno de los puntos más importantes a los que se enfrentan las
víctimas del abuso. El perdón es rara vez fácil, pero para las víctimas
del abuso sexual puede parecer imposible.
El perdón es un regalo y también un proceso—un regalo de Dios y un
proceso que implica el trabajo de corazones y mentes humanas. El
proceso, frecuentemente largo, comienza con reconocimiento del abuso, el
enfrentamiento de sentimientos que pueden haber estado suprimidos por
largo tiempo, y el desarrollo de una identidad positiva por parte del
afectado. Nosotros no estamos a favor de precipitar el proceso. No
podemos empujar la víctima a perdonar simplemente porque nosotros, la
comunidad cristiana, nos sentimos incómodos con este asunto. Más bien,
necesitamos permanecer con la víctima, para mostrar el mismo interés
paciente, benigno y cariñoso que Jesús mostró a esos que sufrían.
Perdonar no es olvidar, ni tampoco consiste en disculpar el abuso o en
absolver al transgresor, lo cual sólo Dios puede lograr. Nuevamente
subrayamos que el abuso no es culpa de la víctima, pero nos damos cuenta
que algunas víctimas luchan con el hecho de que hicieron cosas que
quizás eran dolorosas y destructivas pero que eran un medio para hacer
frente al abuso. Nosotros animamos a los sobrevivientes a ser
indulgentes consigo mismos y dejar de culparse innecesariamente.
Con respecto a los transgresores, debemos recordar que la justicia
juega un papel en el proceso del perdón. En imitación de Cristo, la
comunidad cristiana le extiende la mano al transgresor pero claramente
lo considera responsable. Algunos, en la comunidad cristiana, podrían
creer que liberar al transgresor de su sufrimiento, es ser caritativos e
igual que Cristo. Pero para poder ser curado, sin embargo, el
transgresor debe reconocer el daño que ha causado. Hacemos incapié que
la comunidad, incluyendo la familia, necesita llamar al transgresor a la
responsabilidad. Nosotros necesitamos decir: "El comportamiento abusivo
es un agravio y usted es responsable de ello. Nosotros estaremos con
usted mientras sufre las consecuencias de su comportamiento, pero
esperamos que usted reconozca el daño hecho y pida perdón."
En los Evangelios vemos que Jesús curó en diferentes maneras. Él
ofreció curación física así como también sanción más profunda y
espiritual. Sus palabras, siempre pronunciadas en verdad y amor, también
trajeron sanción, incluso cuando ellas incomodaban a los que las
escuchaban. Él correspondió atentamente a los que buscaban sanción para
sí mismos, así como también a los que intercedían por otros.
Igual que Jesús, la Iglesia trata de llegar con sanción y
reconciliación a las personas sin esperanza. Con el deseo de restaurar
integridad a las víctimas/sobrevivientes de abuso sexual y a sus
familias, y queriendo romper el ciclo del abuso, nosotros buscamos:
"Al caminar los caminos sucios del Calvario . . . aprendí que Jesús, igual que yo, sintió todas las mismas penas enormes que yo sentí. Aprendí que el Jesús que la Iglesia elevaba durante la Eucaristía era ciertamente un Jesús humano . . . y en medio de la congregación sentí su amor sanador y compasivo".11
En esta declaración hemos hablado en contra de la tragedia del abuso
sexual de menores. Hemos detallado este abuso y cómo afecta a los
menores y a los adultos. Nuestra declaración ha hecho énfasis en la
necesidad de sanción y reconciliación, como también en la necesidad de
responsabilizar al transgresor y ha ofrecido algunas sugerencias
prácticas para enfrentarse al abuso sexual. Al ofrecer esta declaración
reconocemos nuestra responsabilidad moral de poner a los menores
primero, y de proteger a los miembros más vulnerables de nuestra
sociedad.
Sabemos que el abuso sexual acarrea muchas otras consecuencias—morales,
legales, sicológicas y otras más—que no presentamos aquí. Necesitan ser
tratadas con comprensión, compasión y justicia. Esperamos que las
comunidades de fe acepten su obligación moral hacia los niños y formulen
sus propias respuestas. Nos gustaría que nos dejaran saber cómo esas
comunidades se relacionan con los sobrevivientes, los transgresores,
sus familias y amistades.* Trabajando unidos y confiando en la sabiduría
y la guía del Espíritu podemos enfrentarnos al mal del abuso sexual de
menores, penetrar las tinieblas y salir a la luz.
*Escriba a: The Commitee on Women in Society and in the Church and the
Committee on Marriage and Family, National Conference of Catholic
Bishops, 3211 Fourth Street, N.E., Washington, DC 20017-1194.
Centro para la Prevención de Violencia Sexual y Doméstica,
1914 North 34th St., Suite 105, Seattle, WA 98103 (206-634-1903). El
Centro tiene muchos recursos disponibles, incluyendo currículos sobre
prevención del abuso sexual y videos sobre el abuso de menores. Vea en
particular: Preventing Child Sexual Abuse Ages 9-12 [La Prevención del Abuso Sexual de Menores edad 9-12] y Preventing Child Sexual Abuse Ages 5-8 [Prevención del Abuso Sexual de Menores edad 5-8], dos currículos diseñados para el uso de educadores religiosos; y Sexual Abuse Prevention: A Study for Teenagers [Prevención del Abuso Sexual: Un Estudio para Adolescentes]. Los videos sugeridos incluyen Hear Their Cries: Religious Responses to Child Abuse y Bless our Children: Preventing Sexual Abuse [Oigan Su Grito: Las Respuestas Religiosas al Abuso de Menores y Bendice a Nuestros Niños: La Prevención del Abuso Sexual].
Comité Nacional para la Prevención del Abuso de Menores, 332 South Michigan Ave., Suite 1250, Chicago, IL 60604 (312-663-3520).
Ad Hoc Committee on Clergy Sexual Abuse, National Conference of Catholic Bishops,
3211 4th St., N.W., Washington, DC 20017. El Comité ha reunido recursos
importantes, incluyendo normas diocesanas sobre el abuso sexual de
menores, centros para tratamiento y reportes preparados por expertos en
esta materia.
Prayer Service for Healing and Reconciliation [Servicio de
Oración para Sanación y Reconciliación], que puede adaptarse a
necesidades locales, es disponible de Secretariat for Family, Laity,
Women and Youth, National Conference of Catholic Bishops, 3211 4th St.,
N.E., Washington, DC 20017 (202-541-3040).
Sobre un tema relacionado:
Cuando Yo Pida Ayuda: Una Respuesta Pastoral a la Violencia Doméstica Contra la Mujer
(Comité de Obispos sobre la Mujer en la Sociedad y en la Iglesia y
Comité de los Obispos sobre el Matrimonio y la Familia). Este folleto
provee información y sugerencias concretas para mujeres que han sido
abusadas, los transgresores, y las parroquias y diócesis que tratan de
responder al problema. Disponible en inglés y en español de USCC de
Office for Publishing Services (1-800-235-8722).
When You Preach...Remember Me [Cuando Prediquen... Acuérdense de
Mí] (Comité de Obispos sobre la Mujer en la Sociedad y en la Iglesia).
Este video de 12 minutos para iniciar el diálogo muestra cómo la
predicación ayuda a romper el ciclo de violencia doméstica. Presenta a
expertos del campo de la violencia doméstica, sacerdotes que predican
contra ella y mujeres que la han vivido. Disponible de USCC Office for
Publishing Services (1-800-235-8722).
Broken Vows: Religious Perspectives on Domestic Violence [Votos
Rotos: Perspectivas Religiosas sobre la Violencia Doméstica] es un video
ganador de un premio que presenta la historia de seis mujeres que
fueron golpeadas. Disponible del Centro para la Prevención de la
Violencia Sexual y Doméstica (206-634-1903).
Caminen en la Luz: Una Respuesta Pastoral al Abuso Sexual de Menores
es una declaración preparada con la colaboración del Comité sobre la
Mujer en la Sociedad y en la Iglesia, y el Comité sobre el Matrimonio y
la Familia. Se preparó en el Secretariado para la Familia, el Laicado,
la Mujer y la Juventud bajo la supervisión de los comités mencionados
arriba. El Comité Administrativo aprobó su publicación en septiembre de
1995. La declaración también fue aprobaba para ser publicada por el
signatario.
Monseñor Dennis M. Schnurr, Secretario General, NCCB/USCC
Copyright © 1995, United States Catholic Conference, Inc., Washington,
D.C. Todos los derechos están reservados. Ninguna parte de este trabajo
puede reproducirse o ser transmitida en cualquier forma o por cualquier
medio, ya sea electrónico o mecánico, incluyendo fotocopias, grabados, o
por cualquier sistema de recuperación y almacenaje de información, sin
el permiso por escrito del proprietario de los derechos.
Si desea pedir este material o para obtener copias de otros, llame a la
línea gratis 1-800-235-8722. Si está en el área metropolitana de
Washington o fuera de los Estados Unidos, llama al 301-209-9020.
|
By accepting this message, you will be leaving the website of the
United States Conference of Catholic Bishops. This link is provided
solely for the user's convenience. By providing this link, the United
States Conference of Catholic Bishops assumes no responsibility for,
nor does it necessarily endorse, the website, its content, or
sponsoring organizations.
|
||
| cancel | continue | |