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Multiprocesos claves para muchas funciones eclesiásticas cubanas

 

Por Patricia Zapor, Catholic News Service

HAVANA (CNS) -- Las caras de las personas que realizan las tareas de la Iglesia Católica Cubana son reflejo de un periodo de 50 años de intentar mantener la fe viva bajo circunstancias que han sido complicadas en el mejor de los casos y abiertamente hostiles en el peor.

Sister M. Seraphica Montez, a U.S. nun with the Sisters of St. Francis of the Martyr St. George, eats lunch with Cuban seminarians at San Carlos and San Ambrosio Seminary outside Havana Feb. 9. She teaches English, works in the library and tends to plant s on the grounds of the seminary. (CNS photo/Nancy Phelan Wiechec)Durante el curso de unos cuantos días en febrero, pasados visitando las ciudades que el papa Benedicto XVI verá cuando haga una peregrinación a Cuba del 26 al 28 de marzo, Catholic News Service encontró: dos sacerdotes españoles, una monja argentina, cuatro monjas estadounidenses, un diácono permanente y una amplia variedad de sacerdotes diocesanos y laicos operando agencias diocesanas y nacionales. Ellos también usaban múltiples "sombreros".

El editor de una altamente acogida revista para laicos también está en el personal del tribunal matrimonial de la Arquidiócesis de La Habana. El diácono a cargo de la comisión de misión de Santiago también trabaja en el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad de El Cobre, realizando bautismos y otros tipos de ministerio.

El pastor de la catedral de La Habana también es director del Centro Cultural Padre Félix Varela. La mujer encargada de formación de liderazgo laico para la Arquidiócesis de Santiago también supervisa la educación de todos los laicos y no creyentes. Y las cuatro monjas que son el personal del seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana manejan la cocina, la lavandería, la costura, la enseñanza de inglés, la gerencia de la capilla y la biblioteca. Una de ellas ayudó a crear la nueva sede de Internet de la escuela.

Con solamente 300 sacerdotes en toda la nación, en comparación hay casi ese número en la Arquidiócesis de Miami, la iglesia de Cuba durante mucho tiempo ha sido un lugar de multiprocesos.

A lo que eso lleva es a trabajadores eclesiásticos que tienen una buena comprensión de los múltiples niveles de las necesidades del ministerio.

La hermana argentina Cecilia Medina Soria, misionera claretiana que ha estado en Cuba durante 16 años, está encargada los programas del ministerio juvenil de la Arquidiócesis de Cuba. El diácono Félix Humberto González Barduena es coordinador de la comisión de misión de la misma arquidiócesis.

En entrevista conjunta los dos discutieron su trabajo. Una meta de ambos es darle al pueblo cubano esperanza e incentivo para quedarse en el país y ayudarlo en sus luchas.

"Es nuestra esperanza que la gente se quede, que se quede y luche por Cuba", dijo el diácono González.

"Los cubanos sufren mucho", añadió la hermana Cecilia.

"Y la iglesia les ofrece esperanza", terminó el diácono. "Los acompañamos en el proceso".

El cuarteto de monjas de Estados Unidos también ve su rol como acompañantes de los cubanos que se quedan y trabajar para la iglesia en su país.

Desde enero del 2011 las cuatro, miembros de las Hermanas Franciscanas del Mártir San Jorge, basadas en Alton, Illinois, han estado trabajando en el seminario de La Habana.

Cuando ellas llegaron ninguna hablaba español. Su nombramiento al seminario sucedió con velocidad vertiginosa, dijeron.

De visita a Estados Unidos durante el verano del 2010, el cardenal Jaime Ortega Alamino de La Habana se alojó en la residencia en washington del nuncio apostólico, explicó la hermana Eva-María Ackerman, superiora del pequeño contingente de hermanas. Mientras estaba allí, a él le impresionó el trabajo de las hermanas de su orden que son el personal de la nunciatura. El cardenal se comunicó con la provincial y preguntó si las hermanas de la orden podían ser el personal del nuevo seminario, programado para apertura el enero siguiente.

En cuestión de unos cuantos meses se manejó toda la documentación, se hicieron arreglos y las hermanas habían dejado sus empleos y empacado para Cuba.

La hermana Eva-María había sido más recientemente superiora en un hogar de ancianos en St. Louis. Ahora ella ayuda en la administración del seminario, incluyendo la supervisión del lanzamiento de su sede de Internet a principios de marzo.

La hermana M. Wiltraud Alexander, nativa de Alemania que cumplirá 80 años de edad esta primavera, había estado administrando la capilla en la casa madre en Alton. Sus tareas en el seminario incluyen trabajar en la capilla y coser.

Las hermanas M. Philippa Poulos y M. Seraphica Montez eran maestras en escuelas en Wildwood, Missouri, y LaCrosse, Wisconsin, respectivamente. La hermana Philippa trabaja en la cocina y la lavandería del seminario pero se apresura a añadir: "Nuestro rol principal es proveer una presencia religiosa femenina para los seminaristas". La hermana Seraphica enseña inglés, trabaja en la biblioteca y mantiene vivas las plantas en los terrenos, ella dijo.

"Ha sido una experiencia abrumadora", dijo la hermana Eva-María. "Yo ni siquiera pensaba en Cuba antes de ser llamada a venir aquí".

En conversaciones en el seminario y en mensajes de seguimiento por correo electrónico las hermanas han hablado sobre las luchas de estar lejos de su comunidad y sus familias en Estados Unidos, de extrañar un Big Mac, papitas y Coca Cola de McDonald's. Ellas describieron su propio proceso de educación: aprender español, ajustarse a un tipo de vida más simple y conocer el pueblo cubano.

La hermana Seraphica dijo que la lucha más fuerte es por "¡paciencia! Paciencia para aprender la vida de una nueva cultura, paciencia para aprender un idioma nuevo y una nueva manera de hacer las cosas".

La hermana Philippa dijo estar un poco sorprendida al saber cuán simplemente viven los cubanos.

"Sus dietas son simples. No tienen los estilos de vida ocupados y ajetreados de los estadounidenses", ella dijo añadiendo: "Ellos la pasan sin muchas cosas y aun así son gente feliz".

La hermana Wiltraud dijo que entre sus propias lecciones ella desea que los norteamericanos entiendan que "el pueblo cubano es muy creativo y muy amable y que Cuba es un hermoso país".

La hermana Eva-María observó: "Algunos cubanos saben mucho más del estilo de vida estadounidense que lo que nosotras las hermanas sabemos. Ellos escuchan música estadounidense, visten ropa con logotipos provenientes de Estados Unidos y ven nuestras películas".

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