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Foro Asuntos de Vida: Una tendencia alentadora

 

Una tendencia alentadora

Deirdre McQuade

25 de abril 2014

Un estudio de Pew Research Center de marzo de 2014 determinó que el apoyo de los estadounidenses a la pena de muerte para los asesinos condenados se encuentra en su nivel más bajo en tres décadas. En 1983, había una brecha importante entre los que apoyaban la pena capital (78%) y los que estaban en contra (18%). La mayoría que apoya la pena de muerte bajó a un 55%, con un importante 37% que se opone. Este cambio grande es una señal alentadora que, al menos en esta cuestión, la sociedad está moviéndose hacia el respeto de la dignidad humana.

Las encuestas no sondean sobre por qué la gente mantiene su creencia o la ha cambiado con el tiempo. Me gustaría pensar que, entre otros factores, la encíclica de 1995 de San Juan Pablo II sobre cuestiones de vida, Evangelium vitae (EV/“El Evangelio de la vida”) ha tenido un papel importante. En ese documento de enseñanza, el Papa invitaba a los seguidores de Cristo a estar “incondicionalmente en favor de la vida”.  Al abordar la cuestión de la pena capital, dijo lo siguiente: “las posibilidades con las que cuenta una sociedad moderna para reprimir eficazmente el crimen de modo que, neutralizando a quien lo ha cometido, no se le prive definitivamente de la posibilidad de redimirse” (EV, 27).
    
El Catecismo de la Iglesia Católica explica esta postura en un contexto histórico: “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye […] el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana”. Citando las palabras propias de Juan Pablo II, el Catecismo agrega que hoy día “los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo ‘suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos’” (CIC, 2267, citando Evangelium Vitae, 56).
 
Los obispos de los Estados Unidos han hecho eco esta de enseñanza universal de la Iglesia de varias maneras, inclusive en su declaración de 2005, A Culture of Life and the Penalty of Death, y su continua Campaña para poner fin al uso de la pena de muerte.

Muchas otras actividades educativas, incluida la defensa, han ayudado a las personas a comprender más profundamente el problema. De importancia particular es que algunas familias valientes de víctimas de homicidios han llamado a ponerle fin al uso de la pena de muerte.  Dicen que no da el cierre esperado o la paz en el duelo por la pérdida de un ser querido, y que la respuesta a la violencia no debe encontrarse en la eliminación de incluso más vida. Lea “Víctimas abogan contra la pena de muerte” para enterarse de las historias de Vicki Schieber, cuya hija fue violada y asesinada, y de Gary Wright, una de las víctimas del infame “Unabomber”, entre otros.  Su testimonio es poderoso y fuerte.

Es apropiado que el estudio Pew fuera divulgado justo antes de Pascuas y el Domingo de la Divina Misericordia. Nuestro salvador sufrió una forma degradante de pena capital para que todos pudieran ser redimidos: “[Y] por sus llagas hemos sido sanados” (Isaías 53:5). Aunque por lo general nos resulta difícil desear la redención para todas las personas; en especial por aquellos que han ocasionado un enorme daño, este tiempo nos llama a seguir a Jesús por su propio camino de sufrimiento. Todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, incluso los sentenciados a muerte. Recemos por el valor de defender la dignidad de la vida de estas personas también.



Deirdre A. McQuade es subdirectora de política y comunicaciones en el Secretariado de Actividades Pro-vida, Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Vea el Catálogo del Programa Respetemos la Vida 2013-14 donde podrá encontrar recursos selectos sobre la pena de muerte.  Un reciente video de CNS con el comentario de Deirdre McQuade puede encontrarse en el Canal de YouTube de Catholic News Service.




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