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La Vida Importa: El Llamado a la Grandeza

 
No dejes que te critiquen por ser joven. Trata de ser el modelo de los creyentes por tu manera de hablar, tu conducta, tu caridad, tu fe y tu vida irreprochable (1 Timoteo 4,12).

En la profundidad del corazón de cada persona joven existe un deseo de encontrar la felicidad y la realización en esta vida. Gran parte del período entre la niñez y el primer “trabajo serio” se dedica a la exploración personal y a cuestionarse: ¿En qué creo? ¿Qué es lo que realmente me importa? ¿Qué se supone que debo hacer con mi vida? Con todo el sufrimiento y la injusticia en el mundo, ¿qué podría yo hacer para que las cosas sean mejores?

Cada vez más, los que nacieron en los años pos-Roe han encontrado las respuestas a esas preguntas en el movimiento pro vida. Han dado voz a aquellos que podrían haber sido sus compañeros de clase y amigos si no hubieran sido abortados. Y han descubierto una gran alegría en dar testimonio del
“Evangelio de la Vida”.

Los hombres y mujeres heroicos que han estado activos en el trabajo pro vida en los cuarenta años desde que los veredictos de la Corte Suprema en el caso Roe versus Wade y Doe versus Bolton merecen gratitud por la perseverancia en la larga lucha para restaurar la protección legal de los niños no nacidos. Como vecinos y feligreses interesados, como voluntarios en los centros de atención del embarazo, como defensores que pasan legislación pro vida y como consejeros a pie de calle, han salvado la vida de innumerables niños, y han librado a un igual número de madres y familias del dolor y la pena de perder a un niño a causa de un aborto. Pero Roe sigue siendo la ley, el número de muertos sigue siendo elevado y los desafíos pueden ser desalentadores.

En estos momentos, son los jóvenes los que ofrecen a la Iglesia y a nuestra comunidad un testimonio muy necesario de esperanza. Su entusiasta respuesta a la llamada del Evangelio nos da energía para presenciar y trabajar con más ahínco en la renovación de nuestra cultura. Ya sea que hayan participado en su primera marcha o manifestación pro vida, o que hayan elegido el trabajo pro vida como su profesión, es justo reconocer y alentar sus contribuciones al llevar nuevas vidas, nueva energía y una nueva esperanza al movimiento en sí.

¿Qué encendió este fuego en el corazón de tantos jóvenes estadounidenses para moverlos a participar en la gran campaña en apoyo de la vida? Se necesitó un hombre cuya esperanza, idealismo y valentía, propios de su juventud, fuera puesto a prueba por la pérdida de toda su familia y por la brutal ocupación de su tierra natal por los nazis y más tarde por los soviéticos: el Beato Juan Pablo II. Fue una tarea fundamental de su pontificado llamar a todos los jóvenes a abrazar su gran vocación a seguir en las huellas de Jesucristo. Sus esfuerzos empezaron en serio en 1985, cuando se instituyó la Jornada Mundial de la Juventud.2

En su homilía en la VIII Jornada celebrada en Denver en 1993, Juan Pablo II pronunció palabras de gran alcance que impulsaron a los jóvenes estadounidense a abrazar la causa de la vida:

En esta etapa de la historia, el mensaje liberador del Evangelio de la Vida ha sido puesto en vuestras manos. Y la misión de proclamarlo hasta los confines de la tierra pasa ahora a vuestra generación. … No tengáis miedo de salir a las calles y a los lugares públicos, como los primeros Apóstoles que predicaban a Cristo y la buena nueva de la salvación. Jóvenes de la Jornada Mundial de la Juventud, la Iglesia os pide que vayáis, con la fuerza del Espíritu Santo, a los que están cerca y a los que están lejos. Compartid con ellos la libertad que habéis hallado en Cristo.

El Papa Benedicto XVI ha realizado con entusiasmo la tarea iniciada por el Beato Juan Pablo II al guiar a la juventud hacia su grandeza en Cristo. Al día siguiente de su misa inaugural, Benedicto XVI saludó a los jóvenes peregrinos procedentes de Alemania, que habían viajado a Roma, diciéndoles: “Los caminos del Señor no son cómodos, pero tampoco hemos sido creados para la comodidad, sino para cosas grandes, para el bien”. Con este profundo, pero sencillo desafío, Benedicto XVI habló de la necesidad y el deseo profundo del corazón humano y de sentar las bases para la nueva ola de jóvenes pro vida. Sabía que los hombres y las mujeres jóvenes buscan encontrar una verdad que los libre del secularismo que nunca podrá satisfacer a la persona humana.

En su mensaje para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Benedicto XVI proclamó que:

No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. … El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida. … Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría.


Los jóvenes pro vida han participado con entusiasmo en la construcción de una cultura de la vida porque han descubierto esa “plenitud y alegría”. La organización Generation Life [Generación Vida], por ejemplo, está dirigida por jóvenes que educan a sus compañeros en el mensaje pro vida y sobre la castidad. Ellos creen que el aborto va a terminar cuando se enfrente su causa raíz y el amor. Uno de los jóvenes misioneros compartió esta experiencia personal en una ocasión cuando daba testimonio a los estudiantes de secundaria:

Después de una presentación pro vida en una escuela secundaria en Filadelfia, un estudiante me dijo que durante toda su vida pensó que él era un error, que no tenía ningún valor. Pero después de la charla comprendió que todo eso era mentira. ¡Qué maravilloso es que una presentación sobre la dignidad de toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural pudiera ser el catalizador para la transformación de la vida de un adolescente con problemas.

Muchos jóvenes católicos de hoy se han convertido en ministros de la juventud, maestros de religión, activistas, presentadores y líderes en sus esfuerzos por construir la cultura de la vida. Los encontramos:

•    abogando en contra de la pena de muerte
•    dando testimonio y aconsejando en los alrededores de las clínicas para el aborto
•    dirigiendo grupos del ministerio pro vida y la evangelización en recintos
      universitarios
•    sirviendo como misioneros en ciudades de Estados Unidos″ y en los países en
     desarrollo
•    visitando asilos de ancianos y hospicios
•    ayudando en los clubes para niños y niñas después de la escuela en zonas de     
     bajos ingresos
•    sirviendo como compañeros de trabajo en el cuidado pastoral con organizaciones
      y órdenes religiosas católicas
•    trabajando en centros de embarazo y en los ministerios de sanación posaborto
•    promoviendo el matrimonio y la vida familiar

Sin embargo, la tarea de construir una cultura de la vida no pertenece solo a promotores de este tipo. Todo cristiano está llamado a trabajar por el bien común y en contra de los males y las injusticias de su época. Todos estamos llamados a dar testimonio de la vida en cualquier trabajo y ambiente en el que Dios nos haya puesto.    

Si bien la lucha para defender la vida humana en Estados Unidos y en todo el mundo está lejos de terminar, los jóvenes pro vida de hoy nos están mostrando que el movimiento pro vida está en manos prometedoras. Estos jóvenes han elegido vivir para lo que es grande y para la grandeza. Sin duda, tendrán éxito.


Ashley Brashear, graduada de la Universidad Franciscana de Steubenville, actualmente se encuentra cursando una maestría en teología en el Instituto Pontificio Juan Pablo II sobre estudios del Matrimonio y la Familia en Washington, DC y está haciendo una pasantía en el Secretariado de Actividades Pro-Vida de la USCCB.

1 1 Timoteo 4,12. Biblia Latinoamérica © 1972, Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault, Sociedad Bíblica Católica Internacional. Se usa con permiso.
2http://worldyouthday.com/about-wyd/wyd-history.
3 Juan Pablo II, Homilía, 15 de agosto de 1993.
4 Benedicto XVI, Mensaje, 25 de abril de 2005.
5 Ibid.
6http://www.generationlife.org.

Extractos del Beato Juan Pablo II y Benedicto XVI se usan con permiso de Libreria Editrice Vaticana. Se reservan todos los derechos.

© 2012, United States Conference of Catholic Bishops, Washington, D.C.



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