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"Salvaguardar la dignidad de toda persona humana"

El ministerio de la palabra es un elemento fundamental de la evangelización en todas sus etapas porque implica la proclamación de Jesucristo, la Palabra eterna de Dios.

"La palabra de Dios nutre tanto a los evangelizadores como a quienes son evangelizados, por eso cada uno de ellos puede continuar creciendo en su vida cristiana"

(Directorio Nacional para la Catequesis [DNC] [Washington, DC: United States Conference of Catholic Bishops, 2005], no. 17).

 

Recurso Para el Parroquia - Rev. John Crossin

 
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Conversaciones en el Patio de los Gentiles: Aprender del diálogo intereclesial e interconfesional

por el Rev. John W. Crossin, OSFS
Director ejecutivo, Secretaría de Asuntos Ecuménicos e Interreligiosos
Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos

¿Qué nos enseñan los cincuenta años de diálogo de la Iglesia Católica con nuestros hermanos cristianos y los representantes de otras religiones acerca de nuestras relaciones con las personas que están buscando "el sentido último y la verdad definitiva de su existencia" (Benedicto XVI, Porta Fidei, no. 10, http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/motu_proprio/documents/hf_ben-xvi_motu-proprio_20111011_porta-fidei_sp.html)? Este breve ensayo explorará cómo se pueden aplicar las lecciones de estos diálogos a las conversaciones con los que buscan en el "Patio de los Gentiles".

El propósito final de nuestro diálogo intereclesial es la unidad cristiana (Jn 17,21). El Concilio Vaticano II nos dio orientación en este proceso con su Decreto sobre el ecumenismo (Unitatis Redintegratio). El diálogo interconfesional busca la comprensión mutua y persigue el bien común de la sociedad. La Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas (Nostra Aetate) del Concilio proporciona una guía para nuestras conversaciones con nuestros amigos judíos, musulmanes, hindúes, sijs y otros. Podríamos decir que la Declaración sobre la libertad religiosa (Dignitatis Humanae [DH]) del Concilio sustenta nuestro diálogo con los que buscan la reunión última, algunos de los cuales caminaron una vez con nosotros, pero no lo hacen en estos momentos. (Véase todo en el sitio web del Vaticano.)

Las conversaciones en el Patio tienen que ser cara a cara. Nuestras conversaciones pueden comenzar en la Internet y continuar en Facebook, pero en algún momento tenemos que reunirnos con otros personalmente. Podemos reunirnos de uno en uno o en pequeños grupos. Tenemos que pasar tiempo juntos para que podamos empezar a conocernos. No podemos sólo "enviar texto"; debemos "tener una charla" entre nosotros para que podamos comenzar a establecer una relación. El diálogo se basa en nuestra relación o relaciones mutuas.

La importancia de escuchar

Escuchar es esencial para la construcción de estas relaciones en el Patio. En el diálogo ecuménico, tratamos de escuchar mutuamente con la cabeza y el corazón. El diálogo implica a toda la persona. Centramos completamente nuestra atención en lo que el otro está diciendo. Tratamos de no entrometernos, interrumpir o dar nuestros puntos de vista; comenzamos sólo escuchando y tratando de comprender.

Al escuchar mostramos nuestro más profundo respeto por la otra persona o personas, por su dignidad humana (véase DH, no. 2). Escuchar requiere atención de nuestra parte. A veces a otra persona le toma mucho tiempo expresar sus más profundos pensamientos y sentimientos. Necesitamos una buena dosis de paciencia para llegar a una comprensión más profunda de una persona. Debo confesar que esta actitud va en contra de mi propia disposición a hacer las cosas de manera eficiente y rápida. En el diálogo, me he dado cuenta de que las relaciones requieren un compromiso de tiempo. La mayoría de las personas no comparten sus preocupaciones más profundas con facilidad.

Este escuchar requiere una actitud humilde. En nuestras conversaciones, tenemos algo que aprender del otro. Debo decir que las ideas sobre la vida y la fe que he oído a los que vienen de otras tradiciones de fe han sido enriquecedoras. Siempre tengo mucho que aprender. A menudo pienso que Dios me está enseñando a través de otros.

Cuando era más joven, pensaba que si tenía todos mis argumentos a la mano, podía convencer a mis interlocutores en una conversación sobre la verdad de la doctrina católica en tal o cual punto. Ahora me doy cuenta de que estaba a la defensiva, que dependía demasiado de mi formación académica, y que era un poco orgulloso. Creo que la actitud que tenía es todavía muy popular. Lo que he aprendido es que primero debo amar a los demás y dejar que el Espíritu Santo conduzca la conversación. Se producen resultados sorprendentes cuando dejo que Dios se haga cargo.

Conversaciones más profundas

Si nos escuchamos con paciencia y humildad unos a otros, poco a poco empezamos a compartir más profundamente. Comenzamos a confiar entre nosotros lo suficiente como para compartir una parte de nuestro camino de la vida. Para mí es un gran regalo conocer la historia de una persona. A menudo me sorprende lo que se comparte de forma individual o en pequeños grupos. Lo que se comparte inicialmente puede ser sumamente emotivo y muy cautivador. El compartir de otros me mueve a hablar sobre elementos de mi propio viaje espiritual.

Una vez que se establece la confianza, pueden surgir cuestiones más profundas que necesitan curación. En conversaciones ecuménicas, el "diálogo de la caridad" puede durar algún tiempo. Sucesos y conflictos históricos están muy vivos para algunos de nuestros interlocutores. Por ejemplo, los menonitas recuerdan que los católicos y los luteranos los persiguieron y que mataron a algunos de sus miembros en la época de la Reforma. Esta persecución se convirtió en parte de la historia menonita. Recién en la última década tanto la Federación Luterana Mundial como la Santa Sede se reconciliaron con nuestros hermanos y hermanas menonitas en conmovedoras ceremonias públicas. Tal reconciliación nos libera para avanzar hacia un futuro común.

A veces nos gusta engañarnos a nosotros mismos pensando que algunas personas ya no caminan con nosotros en la fe debido a la falta de comprensión. Con que tuviéramos un mejor programa de catequesis, la gente todavía caminaría con nosotros. Yo siempre he favorecido programas más sólidos. Pero la realidad es que algunas personas se han marchado por buenas razones. He hablado con algunas de ellas y escuchado su dolor. Se han cometido errores. Se cometieron pecados. Me parece que esto es vergonzoso, pero real. El Patio debe ser un lugar de honestidad y curación.

Esta curación puede tardar mucho tiempo. La conversación en el Patio de los Gentiles no es un punto que simplemente se pueda tachar como ya hecho en la lista de tareas pendientes. Al igual que el diálogo ecuménico, la conversación es un compromiso a largo plazo. Tenemos que caminar unos con otros. El camino puede ser tortuoso.

Después de experimentar la necesaria curación, podemos ahondar más profundamente en el diálogo. Escuchar y curar pueden ser preludios de un compartir sustantivo. Así como hemos escuchado a los demás, también podemos compartir nuestra fe más profunda. Como católicos, tenemos tesoros para compartir. Estos son enriquecedores para nosotros y pueden ser enriquecedores para nuestros interlocutores en la conversación en el Patio.

A veces los católicos practicantes piensan que para entablar un diálogo con otros tienen que morigerar su fe. La verdad es exactamente lo contrario. Tenemos que profundizar en nuestra fe. Tenemos que ser genuinos y honestos, o el diálogo fracasa.

La conversación con otros que están haciendo preguntas nos obligará a profundizar en nuestra comprensión de la fe, y en nuestra práctica de la misma. El ejemplo habla más fuerte que las palabras. A veces, nos daremos cuenta de que nuestra propia comprensión del catolicismo mismo no es del todo correcta o no es lo suficientemente sustancial. Siempre hay algo más que aprender.

En nuestras conversaciones en curso con nuestros nuevos amigos, nos enteramos de que la mayoría de las personas no son conscientes de que la Iglesia Católica está comprometida en numerosos diálogos serios y sustantivos con nuestros colegas cristianos e interreligiosos. Tomamos muy en serio los compromisos asumidos en el Concilio Vaticano II.

Hoy en día, la mayoría de la gente tiene amigos de otras tradiciones religiosas. Es importante que sepan que estas tradiciones son respetadas, y que se puede ser genuinamente católico y tener gran respeto por los demás.

En el Patio encontramos personas con diversas visiones del mundo. Una visión del mundo seria es proporcionada por la ciencia moderna. En esta visión popular, la ciencia materialista puede explicarlo todo. Algunos libros de gran venta adoptan esta visión.

Podemos señalar a nuestros interlocutores en la conversación que, a diferencia de nuestros colegas fundamentalistas, nosotros apreciamos los descubrimientos de la ciencia moderna y los enseñamos en nuestras escuelas católicas. Creemos que la naturaleza es obra de Dios. Así como buscamos un conocimiento más profundo de la verdad de la revelación divina y la verdad sobre la naturaleza humana, buscamos un conocimiento más profundo de la verdad sobre el mundo natural. En lo posible adoptamos una actitud crítica pero no escéptica sobre los hallazgos de la ciencia. Observamos que el paso de los descubrimientos científicos al cientificismo como una visión del mundo es un paso de los datos concretos a la filosofía. No creemos que una filosofía puramente materialista sea realista acerca de la experiencia humana y la vida humana.

Reflexiones finales

Mis reflexiones sumarias presentadas anteriormente se derivan en gran medida de lo que muchos de nosotros hemos aprendido de la experiencia del diálogo ecuménico e interreligioso. Puesto que este diálogo tiene una fuerte base interpersonal, he abandonado la escritura impersonal y he usado "yo" y "nosotros".

Creo que la espiritualidad de san Francisco de Sales (m. 1622) es muy adecuada para el diálogo. Por lo tanto, me remito a la Introducción a la vida devota, Parte III, y a las cartas de dirección espiritual de De Sales para posteriores reflexiones sobre la humildad, la mansedumbre, la caridad y otras virtudes del diálogo.

Hace treinta años hice un Cursillo. Fue una experiencia que todavía está teniendo un profundo efecto en mi vida. El Cursillo es un movimiento de renovación. Sus presentaciones de fin de semana tienen un contenido que cobra vida en el testimonio personal de los presentadores. El lema del Cursillo, "Haz un amigo, sé un amigo, trae un amigo a Cristo", es mi favorito. El testimonio personal y el deseo de caminar con los demás son claves para la Nueva Evangelización.

Las conversaciones sobre la vida y la verdad en el Patio de los Gentiles continuarán mucho más allá del Año de la Fe. Creo que tales conversaciones tienen que ser una parte permanente de una Iglesia Católica que se ha comprometido con la libertad religiosa.


Copyright © 2013, United States Conference of Catholic Bishops, Washington, D.C. Reservados todos los derechos. Se autoriza la reproducción de esta obra, sin adaptaciones, para uso no comercial.

Las citas de Papa Benedicto XVI, Porta Fidei, han sido extraídas de la página Web oficial del Vaticano. Utilizadas con permiso. Todos los derechos reservados.



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