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Índice para el Domingo Catequético

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"Salvaguardar la dignidad de toda persona humana"

El ministerio de la palabra es un elemento fundamental de la evangelización en todas sus etapas porque implica la proclamación de Jesucristo, la Palabra eterna de Dios.

"La palabra de Dios nutre tanto a los evangelizadores como a quienes son evangelizados, por eso cada uno de ellos puede continuar creciendo en su vida cristiana"

(Directorio Nacional para la Catequesis [DNC] [Washington, DC: United States Conference of Catholic Bishops, 2005], no. 17).

 

Recurso para la Familia - Jeannine Marino

 
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¿Qué quieres ser cuando seas grande?

por Jeannine Marino, JCL
Subdirectora, Secretaría de
Evangelización y Catequesis
Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos

¿Cuántas veces ha hecho a sus hijos esta pregunta? ¿Alguna vez los animó a ser santos? ¿Sabía que todos estamos llamados a ser santos? ¡Imagine el efecto transformador sobre el mundo si animáramos a nuestros hijos a ser santos! ¿Está pensando para sí, "Gran idea, pero cómo exactamente enseño a mis hijos a ser santos"?

Antes de que podamos enseñar a nuestros hijos a ser santos, tenemos primero que entender qué es un santo y quién puede ser un santo. Al hablar de la relación de Cristo con sus discípulos, el beato Juan Pablo II describió quién es un santo:

Con el precepto dado a sus discípulos de imitar la perfección del Padre, envía a todos el Espíritu Santo, para que los mueva interiormente a amar a Dios de todo corazón y amarse mutuamente unos a otros, como Él los amó... Entre ellos Dios elige siempre a algunos que, siguiendo más de cerca el ejemplo de Cristo, dan testimonio preclaro del reino de los cielos con el derramamiento de su sangre o con el ejercicio heroico de sus virtudes. (Papa Juan Pablo II, Divinus Perfectionis Magister, http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_constitutions/documents/hf_jp-ii_apc_25011983_divinus-perfectionis-magister_sp.html).

El beato Juan Pablo II nos proporciona una descripción teológicamente rica de los santos. Una descripción sencilla de un santo es un miembro de la Iglesia cuya vida fue imbuida de amor a Dios y al prójimo, que está unido con Dios en el cielo, que es un intercesor ante Dios por nosotros, y que es digno de veneración pública y universal. Para decirlo de modo más simple, un santo es un testigo del amor que Dios tiene por cada uno de nosotros y cuyo testimonio debe ser emulado por los fieles. Un santo ha vivido las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad de una manera tan profunda que otros son llevados a Cristo a través de su testimonio. Sin duda, nosotros queremos que nuestros hijos vivan una vida de fe, esperanza y caridad. Pero ¿pedirles que sean santos? Se podría pensar que es algo inalcanzable y reservado para unos pocos. ¡No es cierto! Los Padres del Concilio Vaticano II enseñaron claramente que todos estamos llamados a ser santos cuando afirmaron el llamado universal a la santidad: "Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena... Una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios" (Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia [Lumen Gentium, no. 40-41, http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html).

El beato Juan Pablo II llamó a los jóvenes a vivir una vida digna de emulación: vidas llenas de los valores del Evangelio que, en el espíritu de la Nueva Evangelización, pueden transformar el mundo. Poco antes de su muerte dirigió un mensaje a los jóvenes en preparación de la Jornada Mundial de la Juventud: "Queridos jóvenes, la Iglesia necesita auténticos testigos para la nueva evangelización: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jesús; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los demás. La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad" (Juan Pablo II, Mensaje a los jóvenes del mundo con ocasión de la XX Jornada Mundial de la Juventud, http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/messages/youth/documents/hf_jp-ii_mes_20040806_xx-world-youth-day_sp.html).

¿Todavía no está seguro de cómo inspirar a nuestros hijos a ser santos? ¿Qué hay de enseñarles sobre la vida de los santos y cultivar en ellos el amor a los santos? A lo largo de la historia de la Iglesia tenemos numerosos santos jóvenes cuyas vidas estuvieron llenas de entusiasmo, aventura y sobre todo un profundo amor a Cristo. Juana de Arco tenía diecinueve años cuando fue martirizada. A pesar de que era una campesina analfabeta, Juana condujo ejércitos a la batalla, fue hecha prisionera y aconsejó al rey de Francia. Era mística, iba a misa todos los días, frecuentaba la confesión y se dedicaba a obras de caridad para aliviar el sufrimiento del pueblo francés asolado por la guerra (véase Papa Benedicto XVI, Audiencia General, http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2011/documents/hf_ben-xvi_aud_20110126_sp.html).

Domingo Savio tenía sólo quince años cuando enfermó y murió. Era alto, frágil y estuvo enfermo la mayor parte de su vida. Fue enviado a una escuela salesiana dirigida por san Juan Bosco, donde fue conocido por su cuidado protector de los niños más pequeños frente a los estudiantes de mayor edad y por saber resolver discusiones entre sus compañeros de clase. Su devoción a Cristo y su deseo de acercar a otros a Cristo inspiró no sólo a san Juan Bosco sino también al papa Benedicto XV (véase Congregación para la Evangelización de los Pueblos, http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cevang/p_missionary_works/infantia/documents/rc_ic_infantia_doc_20090324_boletin12p11_sp.html).

Uno de los santos más recientes de la Iglesia, canonizado durante el Año de la Fe, es Pedro Calungsod. Se fue de casa cuando era adolescente, se convirtió en catequista y supervisó misioneros. A pesar de encontrarse con pueblos hostiles, se negó a llevar armas y murió protegiendo a otros a la edad de diecisiete años (véase Papa Benedicto XVI, Rito de la canonización y celebración de la Eucaristía, www.vatican.va/news_services/liturgy/libretti/2012/20121021.pdf).

Criar hijos es un regalo maravilloso y una gran responsabilidad. Nuestra responsabilidad es la de fomentar en ellos el amor a Cristo y a su Iglesia y la vocación a la santidad. Afortunadamente, nunca emprendemos la tarea de criar hijos solos; tenemos a la Iglesia para que nos ayude. Recuerde, si necesita inspiración y orientación para criar a sus santos, la Iglesia tiene patrocinadores para usted también. Basta con mirar a la Sagrada Familia.


Copyright © 2013, United States Conference of Catholic Bishops, Washington, D.C. Reservados todos los derechos. Se autoriza la reproducción de esta obra, sin adaptaciones, para uso no comercial.

Las citas de los documentos papales y del Concilio Vaticano II han sido extraídas de la página Web oficial del Vaticano. Utilizadas con permiso. Todos los derechos reservados.



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