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El amor matrimonial y el don de la vida

 

Casarse. Qué momento tan dichoso y lleno de esperanza.


Los hombres y las mujeres que consideran el matrimonio anhelan ciertas cosas. Desean ser aceptados incondicionalmente el uno por el otro. Quieren que su matrimonio esté lleno de amor y felicidad. Desean una familia. En resumen, quieren que su matrimonio sea una fuente de dicha y satisfacción para toda la vida.

El plan de Dios para el matrimonio, desde el momento en que creó a los seres humanos como hombre y mujer, siempre incluyó estas características y muchas otras. Este deseo y esta capacidad, del hombre y de la mujer, de crear un vínculo duradero de amor y de vida matrimonial están inscriptos en su naturaleza.

En el Ritual de Matrimonio (1969) se pregunta, al hombre y a la mujer, si se amarán fiel y plenamente — es decir, si amarán como ama Dios. “¿Han venido aquí a contraer matrimonio por su libre y plena voluntad y sin que nada ni nadie los presione?”, pregunta el obispo, el sacerdote, o el diácono. “¿Están dispuestos a amarse y honrarse mutuamente en su matrimonio durante toda la vida? ¿Están dispuestos a recibir con amor los hijos que Dios les dé, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia?” Todas ellas son diferentes maneras de formular la misma pregunta esencial: ¿Estás listo para aceptar a esta persona, y todo lo que puede producir esta unión, completamente y para siempre?

Los esposos sellan su amor y su compromiso mediante su unión sexual. Hoy en día es difícil, para muchos, comprender qué profunda y significativa es esta unión, cómo encarna estas promesas del matrimonio. Nuestra cultura a menudo presenta el sexo como una mera recreación, no como un encuentro profundo e importante entre esposos. Según esa opinión, ser responsable sexualmente significa simplemente limitar las consecuencias — evitar las enfermedades y utilizar anticonceptivos para impedir embarazos.

Éste es un enfoque cultural empobrecido, y hasta triste. No da cuenta de las verdaderas necesidades y de los deseos más profundos de los hombres y las mujeres. La aceptación de este enfoque ha causado gran soledad y sufrimiento.El plan de Dios para la vida y el amor matrimonial es mucho más rico y más satisfactorio. En él la sexualidad es una fuente de dicha y placer, que ayuda a que los esposos se entreguen el uno al otro, plenamente, durante toda la vida.

¿Qué enseña la Iglesia acerca del amor matrimonial?


El matrimonio es más que un contrato civil; es una alianza de toda la vida entre un hombre y una mujer. Es una unión íntima en la que los esposos y las esposas aprenden a dar y recibir generosamente, para después enseñar a sus hijos a hacer lo mismo. El matrimonio cristiano, en particular, es un “gran misterio”, un símbolo del amor entre Cristo y su Iglesia (Ef 5, 32).

El amor matrimonial se encarna con gran fuerza en la relación sexual de los esposos, cuando éstos expresan más plenamente lo que significa convertirse en “una sola cosa” (Gn 2, 24; Mk 10, 8; Mt 19, 6). La Iglesia enseña que la unión sexual de los esposos tiene el propósito de expresar el significado pleno del amor, su poder de unir a la pareja y de abrir una nueva vida. Cuando las Sagradas Escrituras describen la forma en que Dios crea la humanidad “a su imagen” (Gn 1, 27), consideran la unión del hombre y la mujer como la de dos personas de igual dignidad (“Esta sí es hueso de mis huesos/y carne de mi carne”, Gn 2, 23), y como abierta a la bendición de los hijos (“Sean fecundos y multiplíquense”, Gn 1, 28).

¿Qué tiene que ver esto con la anticoncepción?


El esposo y la esposa expresan su amor comprometido no sólo mediante palabras, sino también mediante el lenguaje de sus cuerpos. Ese “lenguaje corporal” — lo que los esposos se dicen mutuamente mediante la intimidad de las relaciones sexuales — expresa un compromiso total y la apertura a un futuro común. Por tanto, la pregunta sobre la anticoncepción es la siguiente: ¿El acto sexual en el que se utilizan anticonceptivos afirma este amor comprometido? ¿O introduce una nota falsa en esta conversación?

El amor matrimonial se distingue de cualquier otro amor en el mundo. Por su naturaleza, el amor del esposo y de la esposa es tan completo, tan ordenado a una vida completa de comunión con Dios y del uno con el otro, que está abierto para crear un nuevo ser humano, al que amarán y cuidarán juntos. Parte del don de Dios al esposo y a la esposa radica en esta capacidad de cooperar con el poder creador de Dios en este amor y mediante este amor. Por lo tanto, el don mutuo de la fecundidad es parte integral del poder vinculante del acto sexual matrimonial. Ese poder de crear una vida nueva con Dios es la esencia de lo que los esposos comparten.

Sin duda, los esposos a los que no se les concede el don de tener hijos pueden tener una vida matrimonial llena de amor y significado. Como expresó el Papa Juan Pablo II a estas parejas, en una homilía de 1982, “Ustedes no son menos amados por Dios; su amor recíproco es completo y fecundo cuando se abre a los demás, a las necesidades del apostolado, a las necesidades de los pobres, a las necesidades de los huérfanos, a las necesidades del mundo” (versión del traductor).

Sin embargo, cuando las parejas casadas actúan deliberadamente para suprimir la fecundidad, el acto sexual ya no es un acto sexual plenamente marital. Es algo menos poderoso e íntimo, algo más “casual”. Suprimir la fertilidad al utilizar anticonceptivos niega parte del significado inherente de la sexualidad matrimonial y perjudica la unidad de la pareja. La entrega total de uno a su amado, en cuerpo y alma, no es momento para decir: “Te doy todo lo que soy — excepto . . .” La enseñanza de la Iglesia no sólo supone observar una regla, sino preservar también ese don mutuo, total, de dos personas, en su integridad.

Esta enseñanza puede parecer difícil. Sin duda, es una enseñanza que muchas parejas en la actualidad, no por culpa de ellas, no han oído (o no han oído en forma de poder apreciarla y comprenderla). Pero tal como expresan muchas parejas que han evitado los anticonceptivos, poner en práctica esta enseñanza puede contribuir a la honestidad, apertura e intimidad del matrimonio y ayudar a que las parejas se realicen verdaderamente.

¿Por qué decir “sí” a los hijos ante el altar implica no usar nunca anticonceptivos para impedir una nueva vida en el acto sexual?


Algunos sostienen que si el esposo y la esposa se mantienen abiertos a los hijos durante su matrimonio, no necesitan preocuparse por la utilización de anticonceptivos ocasionalmente. Pero practicar lo bueno durante la mayor parte del tiempo no justifica hacer lo que está mal algunas veces.

Incluso si me considero una persona honesta “en general”, toda mentira ocasional que diga es, aun así, una mentira y, por lo tanto, es inmoral. Mediante esos actos, comienzo a convertirme en el tipo de persona que miente. Esto no es menos cierto cuando falsificamos el “lenguaje del cuerpo”, expresando amor y aceptación total de la otra persona, mientras negamos una parte esencial del mensaje.

Una pareja no necesita desear tener un hijo en cada acto sexual. Y no está mal que las parejas tengan relaciones sexuales incluso cuando saben que la mujer es naturalmente estéril, como indicamos más abajo. Pero nunca deben actuar para suprimir o limitar el poder de crear vidas otorgado por Dios, que es parte integral de lo que se prometieron mutuamente en su voto matrimonial. Esto es lo que quiere decir la Iglesia cuando expresa que cada acto sexual debe mantenerse abierto a la vida y que la anticoncepción es objetivamente inmoral.“[La Planificación Familiar Natural] se ha convertido en algo más que un método de regulación de la natalidad totalmente seguro, sano y fiable. Las cualidades esenciales de autocontrol, autodisciplina, respeto mutuo y responsabilidad compartida afectan todas las facetas de nuestro matrimonio, por lo que nuestra relación se vuelve más íntima”. (Faithful to Each Other Forever, 44; versión del traductor)


¿Se espera que las parejas dejen el tamaño de su familia sujeto al azar?


Ciertamente no. La Iglesia enseña que una pareja puede decidir, generosamente, tener una familia numerosa o, por diversas razones, puede optar por no tener más hijos por el momento o incluso indefinidamente (Humanae Vitae, no. 10).

En la vida matrimonial, pueden surgir circunstancias serias —económicas, físicas, psicológicas o relacionadas con responsabilidades hacia otros miembros de la familia— por las que el aumento del tamaño de la familia es inoportuno. La Iglesia lo comprende y, al mismo tiempo, alienta a las parejas a adoptar una visión generosa de los hijos.

¿Qué debe hacer una pareja si tiene una razón valedera para evitar tener hijos?


Una pareja casada puede tener intimidad marital durante el período naturalmente estéril del ciclo de la mujer o después de los años de procreación, sin violar el significado del acto sexual marital en forma alguna.

Éste es el principio que gobierna la planificación familiar natural (PFN). Los métodos naturales de planificación familiar constan de una educación sobre la fecundidad, que permite que las parejas cooperen con el cuerpo tal como Dios lo creó.

“La PFN requiere comunicación y compromiso, pero ¿acaso el matrimonio no se trata de eso? Hemos ganado mucho por utilizar la PFN y no hemos perdido nada”. (Natural Family Planning Blessed Our Marriage, 18; versión del traductor)


¿Qué es la planificación familiar natural?


La planificación familiar natural es un nombre general para los métodos de planificación familiar que se basan en el ciclo menstrual de la mujer. El hombre es fecundo durante toda su vida, mientras que la mujer es fértil sólo durante unos pocos días en cada ciclo menstrual durante sus años de procreación. Algunos creen que la PFN implica el uso de un calendario para predecir la época de fecundidad. En la actualidad la PFN no consiste en eso. La mujer experimenta indicios claros y observables que señalan cuándo está fértil y cuándo está estéril. Aprender a observar y comprender esos indicios constituye la esencia de la educación de la planificación familiar natural.

Cuando una pareja decide postergar un embarazo, la PFN puede ser muy eficaz. La PFN también es muy útil para las parejas que desean tener un hijo, porque identifica el momento de la ovulación. Muchos especialistas en fertilidad la utilizan para este propósito. De este modo, una pareja puede tener relaciones maritales en el momento en que es más probable que la concepción se lleve a cabo.

¿Existe realmente alguna diferencia entre utilizar anticonceptivos y practicar la planificación familiar natural?


Superficialmente, puede parecer que la diferencia es pequeña. Pero el resultado final no es lo único que importa, y la manera en que logramos ese resultado puede implicar una enorme diferencia moral. Algunos métodos respetan los dones que Dios nos ha dado, y otros no. Las parejas que han practicado la planificación familiar natural después de utilizar anticonceptivos, han experimentado una profunda diferencia en el significado de su intimidad sexual.

Cuando las parejas utilizan anticonceptivos, ya sean éstos físicos o químicos, suprimen su fecundidad, afirmando que ellos solos tienen el máximo control sobre este poder de crear una vida humana nueva. Con la PFN, los esposos respetan el designio de Dios de vida y amor. Pueden optar por abstenerse de la unión sexual durante el período fértil de la mujer, sin hacer nada que destruya el significado de brindar amor y vida, que está presente. Ésa es la diferencia entre optar por falsificar el lenguaje marital pleno del cuerpo u optar, en ciertos momentos, por no hablar ese lenguaje.

El apoyo de la Iglesia a la PFN no se basa en que la planificación sea “natural” en lugar de artificial. Más bien, la PFN respeta el poder otorgado por Dios de amar una nueva vida para crearla, incluso cuando no estemos procurando activamente ejercer dicho poder. Sin embargo, porque la PFN no modifica el cuerpo humano en forma alguna, ni trastorna su equilibrio con sustancias o medios potencialmente dañinos, algunas personas de otras creencias o sin afiliación religiosa en particular, han aceptado su práctica, a fin de trabajar en armonía con su propio cuerpo. Han hallado también que conduce a las parejas a demostrar una mayor atención y respeto mutuos.

“La PFN me ha ayudado a madurar, aunque todavia me falta mucho . . . Me ha llamado a valorar a mi esposa, en lugar de simplemente desearla”. (Faithful to Each Other Forever, 45-46; versión del traductor)


¿Cuál ha sido el impacto de los anticonceptivos en la sociedad? ¿En las parejas casadas?

Es probable que muchos se sorprendan al enterarse durante cuánto tiempo todas las iglesias cristianas coincidieron en esta enseñanza contra la anticoncepción. Sólo en 1930 algunos credos protestantes comenzaron a rechazar esta posición sostenida durante tanto tiempo. Los que se opusieron a esa tendencia predijeron un aumento en las relaciones sexuales premaritales, en el adulterio, en la aceptación del divorcio y en el aborto. Más tarde, en 1968, el Papa Paulo VI, advirtió que la utilización de los anticonceptivos permitiría que un cónyuge tratara al otro más como un objeto que como una persona, y que con el tiempo, los gobiernos se verían tentados a imponer leyes que limitaran el tamaño de la familia. El Papa Juan Pablo II destacó la estrecha conexión entre los anticonceptivos y el aborto, señalando que “los contravalores inherentes a la ‘mentalidad anticonceptiva’ . . . son tales que hacen precisamente más fuerte esta tentación [del aborto] ante la eventual concepción de una vida no deseada” (Evangelium Vitae, no 13).

Esas predicciones se han cumplido. Hoy en día, vemos una epidemia de enfermedades transmitidas sexualmente, un enorme incremento en la cohabitación, el nacimiento de uno de cada tres niños fuera del matrimonio, y el aborto, utilizado por muchos cuando los anticonceptivos fallan. No respetar ese poder del amor matrimonial para ayudar a crear nuevas vidas ha erosionado el respeto por la vida y por la santidad del matrimonio.

“Debido a la PFN nuestra unión es diferente, es más un brindarse totalmente. . . porque estamos abiertos a la vida, estamos dando todo”. (Natural Family Planning Blessed Our Marriage, 64; versión del traductor)


¿Es cierto, como dicen algunos, que algunos métodos de control de la natalidad pueden causar un aborto?


Algunos métodos de control de la natalidad están dirigidos a impedir la unión del espermatozoide con el óvulo y, por lo tanto, actúan como anticonceptivos. Entre ellos se encuentran aquellos que actúan como barreras, como los condones y los diafragmas.

En cambio, los métodos hormonales como la píldora, pueden funcionar de diversas maneras. Pueden suprimir la ovulación o alterar las secreciones cervicales para impedir la fecundación, y actuar, por lo tanto, como anticonceptivos. Pero muchas veces tienen otros efectos, como por ejemplo los cambios en las paredes del útero. Si la acción anticonceptiva falla, y la fecundación tiene lugar, estos métodos hormonales pueden impedir que esa vida recién concebida se implante y sobreviva. Eso constituiría un aborto muy temprano. Las opiniones médicas difieren sobre si esto ocurre o con qué frecuencia lo hace. En la actualidad, no hay manera de saber con exactitud cómo funcionan estas drogas en un momento determinado, en una mujer en particular.

La preocupación sobre el riesgo de causar un aborto es mayor en el caso de las píldoras que se toman después del acto sexual para impedir el embarazo (“anticoncepción de emergencia” o “píldoras del día siguiente”). En algunos casos, estas píldoras se toman cuando el esperma y el óvulo ya se han unido para crear una vida nueva, en cuyo caso la droga no podría tener efecto alguno, excepto el de causar un aborto temprano.

Conclusión

Al usar anticonceptivos, las parejas pueden pensar que están evitando problemas o calmando tensiones, que están ejerciendo control sobre sus vidas. Pero el don de poder ayudar a crear otra persona, un ser humano nuevo con su propia vida, entraña relaciones profundas. Afecta nuestra relación con Dios, que nos creó completos con este don poderoso. Demuestra si los esposos se amarán y se aceptarán verdaderamente, el uno al otro, tal como son, incluyendo el don de la fecundidad. Finalmente, implica la manera en que los esposos aceptarán espontáneamente a su hijo como un don de Dios y fruto de su amor mutuo. Como todas las relaciones importantes con otras personas, no está sujeto únicamente a nuestro control individual. Al final, este don es mucho más rico y más gratificante que eso.
No son ustedes sus propios dueños, porque Dios los ha comprado a un precio muy caro. Glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo. (1 Cor 6, 19-20)
Vivir el designio de Dios de la sexualidad humana en el matrimonio puede ser difícil. Pero no se ha dejado solos a los esposos y las esposas para que pongan en práctica este desafío fundamental de la vida. Si no lo han hecho en el pasado, no se desalienten. Dios los ama y desea su máxima felicidad. Amar como ama Cristo es una posibilidad que se nos abre a nosotros por el poder del Espíritu Santo, como un don gratuito de Dios. Mediante la oración y los sacramentos, entre ellos la Reconciliación y la Eucaristía, Dios nos ofrece la fuerza para responder a este reto. Recuerden las palabras de Cristo, repetidas tan a menudo por Juan Pablo II: “¡No tengan miedo!” La doctrina de la Iglesia sobre la sexualidad marital es una invitación a los hombres y las mujeres —una invitación a permitir que Dios sea Dios, a recibir el don del amor y el cuidado de Dios, y a permitir que este don nos dé forma y nos transforme, para que podamos compartir ese amor el uno con el otro y con el mundo.

Dónde obtener más información

La siguiente lista de recursos empieza con asistencia práctica y artículos breves, y concluye con libros e importantes documentos de la Iglesia, que exploran la visión de la Iglesia sobre la paternidad responsable en un nivel más profundo.

Sitio Web

United States Conference of Catholic Bishops, old.usccb.org/prolife/issues/nfp/ (ofrece información sobre las enseñanzas de la Iglesia respecto al amor conyugal y la paternidad responsable, sobre métodos de planificación familiar natural [PFN], dónde encontrar clases localmente y qué organizaciones de PFN ofrecen programas de estudios en la casa).

Artículos del Programa Respeto a la Vida de la United States Conference of Catholic Bishops

Libros Populares

  • Doyle, Fletcher. Natural Family Planning Blessed Our Marriage: Nineteen True Stories. Cincinnati: Servant Books, 2006. [sólo en inglés]
  • West, Christopher. Good News About Sex & Marriage. Cincinnati: Servant Publications, 2000. [sólo en inglés]

Libros de Teología

  • García de Haro, Ramón. Marriage and the Family in the Documents of the Magisterium. San Francisco: Ignatius Press, 1993. [sólo en inglés]
  • Hogan, Richard M., y John M. LeVoir. Covenant of Love: Pope John Paul II on Sexuality, Marriage, and Family in the Modern World. San Francisco: Ignatius Press, 1985. [sólo en inglés]
  • Shivanandan, Mary. Crossing the Threshold of Love: A New Vision of Marriage. Washington, DC: Catholic University of America Press, 1999. [sólo en inglés]
  • Smith, Janet E. (ed.). Why Humanae Vitae Was Right: A Reader. San Francisco: Ignatius Press, 1993. [sólo en inglés]
  • West, Christopher. Theology of the Body Explained. Boston: Pauline Books & Media, 2003. [sólo en inglés]

Documentos de la Iglesia

El amor matrimonial y el don de la vida es obra del Committee for Pro-Life Activities (Comité de Actividades Pro-Vida) de la United States Conference of Catholic Bishops (USCCB). Fue aprobado para su publicación por el pleno de los obispos en su Asamblea General de noviembre de 2006 y su publicación ha sido autorizada por el abajo firmante.

Mons. David J. Malloy, STD Secretario General, USCCB
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Español: No. 676-X, 32 pp.
Inglés: No. 677-8, 32 pp.

Para pedidos en español o catálogos, llame gratis 800-235-8722 y presione 4 para hablar con un representante del servicio al cliente en español. Para llamadas en el área metropolitana de Washington o fuera de Estados Unidos, llame al 202-722-8716. Visite el sitio web de los obispos en www.usccb.org

Los textos de la Sagrada Escritura han sido tomados del Leccionario © 1976, 1985, 1987, 1992, 1993 Conferencia Episcopal Mexicana. Ritual de Matrimonio © 1969 Conferencia Episcopal Mexicana.

Citas de Natural Family Planning Blessed Our Marriage por Fletcher Doyle. Copyright © 2006 por Fletcher Doyle. Publicado por Servant Books, un sello editorial de St. Anthony Messenger Press. Se reservan todos los derechos.

Citas de Faithful to Each Other Forever tomadas de Family Planning: A Guide for Exploring the Issues, Edición Revisada. Copyright © 1985, 2005. Se usan con permiso de Liguori Publications, Liguori, Missouri 63057.

Fotos: tapa, © CORBIS; Veer, Fancy Photography; págs. 1, 5, 7, 13, 17, Veer, Fancy Photography; pág. 3, © CORBIS; pág. 7, Digital Vision Photography; pág. 9, Getty Images; pág. 10, Comstock; pág. 14, Jupiter Images.

Primera impresión, enero de 2007

ISBN 10: 1-57455-943-5
ISBN 13: 978-1-57455-943-9

Copyright © 2007, United States Conference of Catholic Bishops, Washington, D.C. Se reservan todos los derechos. Ninguna porción de este trabajo puede reproducirse o ser transmitida en forma o medio alguno, ya sea electrónico o mecánico, incluyendo fotocopias, grabaciones, o por cualquier sistema de recuperación y almacenaje de información, sin el permiso por escrito del propietario de los derechos.



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