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Prefacio: Mensaje a los jóvenes adultos

 

Hijos e Hijas de la Luz: Plan Pastoral para el Ministerio con Jóvenes Adultos
12 noviembre, 1996, United States Conference of Catholic Bishops.




Queridos hermanos y hermanas,

Al iniciar la redacción de este plan pastoral, preferimos conversar con algunos de uste-des primero. Esas reuniones, en donde compartieron sus alegrías y sus penas del vivir diario, fueron para nosotros momentos de gracia y de comprensión. Encomiamos su deseo de pertenecer a una comunidad con la que comparten convicciones similares y de profundizar sus conocimientos sobre la Sagrada Escritura y las enseñanzas y tradiciones de la Iglesia. Recono-cemos el dolor que muchos de ustedes sienten cuando hablan de sentirse solos y poco acogidos—como extraños en la casa de Dios. Por  nuestras fallas en ofrecerles hospitalidad les pedimos disculpas y les prometemos aumentar nues-tros esfuerzos para acogerlos en la vida de la Iglesia. Confiamos que todo el que entre a una iglesia católica para oir misa, o en cualquier otra ocasión, se sienta cómodo y bienvenido. Sabemos, asimismo, que algunos de ustedes se han acercado a la Iglesia recientemente. Les damos la bienvenida. Otros pueden sentir la tentación de alejarse. Eso nos apena. Lo que ustedes nos han dicho presenta a la Iglesia un desafío y una oportunidad para nuestro ministerio.

Sabemos que sus talentos, y los de otros jóvenes adultos, pueden enriquecer a la Iglesia y ser una señal de la presencia de Dios en la sociedad. Los invitamos a compartir esos dones con nosotros y a formar parte de una comunidad que recibe también a otros jóvenes adultos. Hace poco que nues-tro Santo Padre habló acerca de lo importante que ustedes son para la vida de la Iglesia: "La Iglesia necesita de vuestras energías, de vuestro entusiasmo e ideales a fin de que el Evangelio de la Vida penetre el centro de la sociedad, transformado los corazones de la gente y de las estructuras de la sociedad para crear una civilización de verdadera justicia y amor".1

También les escuchamos hablar de la dificultad de hacer decisiones morales. Nos comprometemos a trabajar con ustedes para brindarles a ustedes y a otros jóvenes adultos una formación en la fe y una educación católica eficaz. Queremos compartir con ustedes la tradición y la riqueza histórica de la Iglesia. Queremos proporcionarles la oportunidad de examinar la Sagrada Escritura para que la Palabra de Dios viva en sus corazones. No es fácil vivir cristianamente en la sociedad contemporánea.

La influencia de los medios de comunicación y de algunos elementos de la cultura popular no siempre apoyan los valores cristianos. Algunas personas pueden tener convicciones contrarias a las que nosotros atesoramos. Se nos desafía a dejar que sea el Evangelio—no la sociedad o la cultura popular—el que defina lo que significa vivir una vida plena de éxito. También nos damos cuenta que muchos jóvenes son buscados con gran insistencia por esos movimientos religiosos y espirituales que perciben a nuestra religión como errónea o inadecuada. Es probable  que algunas personas con las cuales trabajan o van a la universidad, los desafíen acerca de sus creencias. Aprecien su fe. Manténganse firmes en sus creencias. Ayuden a aquellos que no creen en Jesucristo a descubrir lo bella que es una vida basada en el Evangelio.


De manera especial, nos gustaría hablarles a aquellos jóvenes que se encuentran en situaciones difíciles: los que no tienen trabajo o no pueden tener mejores empleos, a los que han sufrido abusos, a los que han sufrido discriminación a causa de prejuicios económicos o étnicos, los que tienen luchas internas acerca de su identidad sexual, los recién llegados, aquellos que están teniendo problemas en su matrimonio, los que buscan sabiduría y guía en la crianza de sus hijos o los que tienen dificultad en hacer o guardar compromisos. Queremos que sepan que no están solos y que vamos a continuar esforzándonos para escuchar sus inquietudes y hablar por ustedes, ofreciéndoles una esperanza enraizada en el abrazo de Jesucristo. A lo largo de sus vidas, continúen con sus espe-ranzas y sus sueños. Les queremos dar apoyo en todo lo posible, aunque nos damos cuenta que este apoyo no ha sido brindado siempre de forma continua. Esta es una de las labores de la comunidad cristiana—ayudarlos a vivir sus vidas en Cristo Jesús. No duden en poner a Jesús en el centro de sus vidas, como el foco principal de todo lo que elijan en la vida. Como nos dijo el Santo Padre, "Construyan vuestras vidas basados en ese modelo que no los decepciona... abran el Evangelio y descubran que Jesucristo quiere ser vuestro amigo (cf. Jn 15:14). Él quiere ser vues-tro compañero en cada etapa de la travesía de la vida (cf. Lc 24:13:35). Él quiere ser la senda, el camino para vuestras ansiedades, dudas, espe-ranzas y sueños de felicidad (cf. Jn 14:6). Él quiere ser vuestro Dios (cf. Mat 16:13-17)".2

Queremos compartir con ustedes las palabras de una de sus compañeras, una joven que nos escribió desde Nueva York. Ella nos hace un compendio de lo que muchos de ustedes nos han dicho y de cómo deseamos que la Iglesia esté presente en sus vidas.

Como joven adulta en la sociedad dinámica de hoy, yo—al igual que otros jóvenes adultos—siento hambre. Yo he sentido una gran hambre espiritual, un hambre que nace de la necesidad de descubrir quién soy, de saber quién es mi Dios, y cual es mi propósito en la sociedad. Es un hambre que una vez saciada, puede continuar nutriendo mi caminar en la vida para seguir los pasos de Cristo.

Abrigo la esperanza de que la Iglesia Católica me ayude y guíe durante este período de transición en mi vida; que no me haga perder perspectiva de "aquello que es importante" en la vida mientras me esfuerzo por perseguir mis sueños inmediatos y futuros; que me ayude a encontrar la paz a lo largo de mi jornada. También espero que la Iglesia nos dé, a la juventud adulta, la oportunidad de sentir que, efectivamente, somos parte integral y necesaria de la  comunidad eclesial; que se nos dé la oportunidad de reunirnos con otros jóvenes adultos para compartir y reflexionar acerca de nuestra jornada de vida y de auto-descubrimiento.

Pienso que mediante una comunidad que me dé ánimo y apoyo, basada en la vida y enseñanzas de Cristo, la Iglesia católica me puede dar la inspiración, fuerza y perseverancia necesarias para continuar con mi travesía y lograr mis sueños y esperanzas en la vida.

Michelle M. Mystkowski, Patchogue, New York

Al conocerlos a ustedes, jóvenes adultos miembros de la Iglesia, nos hemos percatado mucho más de la capacidad que tienen para amar y servir. Los invitamos a continuar dándose de sí, de su tiempo, sus energías y talentos por el bien de los demás. Rogaremos al Espíritu Santo que los guíe a ustedes y también a la Iglesia en nuestro crecimiento en el amor de Cristo Jesús. Les prometemos caminar con ustedes y con todos aquellos que aman la vida. Al hacerlo, se convertirán en hijos e hijas de la luz—¡una luz de esperanza para la Iglesia, para nuestra nación y para toda la humanidad!

Los Obispos Católicos de Estados Unidos

Ustedes tienen tantos dones que ofrecerle a la Iglesia: su fe, su deseo de servir, su hambre espiritual, su vitalidad, su optimismo e idealismo, sus talentos y habilidades. Todos podemos aprender de ustedes, y es por eso que les pedimos que incrementen su liderazgo dando testimonio del Evangelio en sus centros universitarios...

Esperamos con ansias poder trabajar con ustedes para lograr que la Iglesia sea más eficaz que nunca al anunciar el reino de Dios.

Una Carta a los Estudiantes Universitarios de los Obispos Católicos de Estados Unidos, 1995, p. 5



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