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Obispos De Estados Unidos Saludan Encíclica Sobre La Esperanza

WASHINGTON (30 noviembre, 2007)
– Spe salvi (Salvados en la esperanza), la segunda carta encíclica del Papa Benedicto XVI, ofrece inspiración a todos los creyentes, dijo el Cardenal Francis George de Chicago, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

“El Papa Benedicto nos llama individualmente y en comunidad a una esperanza anclada en Jesús”, dijo. El Cardenal George ofreció estos comentarios el 30 de noviembre, el mismo día en que fue publicada la encíclica en el Vaticano.

Spe salvi enseña que el mensaje cristiano no es sólo “informativo” sino también “preformativo”. Esto quiere decir que “el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida”, dice el Papa. Al recibir a Dios a través de Jesucristo recibimos la esperanza. El Papa ilustra este punto narrando la vida de santa Josefina Bakhita, una esclava africana.

El Papa delinea el concepto de una esperanza basada en la fe tal como se recoge en el Nuevo Testamento y en la Iglesia primitiva y afirma que el cristianismo no trajo al mundo romano la esperanza de una revolución social. Muriendo en la cruz, Jesús trajo un tipo de esperanza muy diferente. Hizo posible “el encuentro con el Señor de todos los señores, el encuentro con el Dios vivo y, así, el encuentro con una esperanza más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud, y que por ello transforma desde adentro la vida y el mundo”.

Esta esperanza va más allá de las leyes de la materia y la evolución. No son estas leyes las que, en última instancia, gobiernan el mundo y la humanidad y las que tienen la última palabra, sino que un Dios personal gobierna el universo: “la razón, la voluntad, el amor: una Persona”, afirma el Papa Benedicto.

Según él, la esperanza cristiana no es una esperanza individualista sino comunitaria, “comporta estar unidos existencialmente a un ‹‹pueblo›› y sólo puede realizarse para cada persona dentro de este ‹‹nosotros››”. Dado que nuestra esperanza incorpora a todos los hombres y mujeres, ésta nos anima a que no sólo obtengamos la vida eterna sino que también la manifestemos aquí en la tierra. Hacemos esto al esforzarnos por hacer nuestra vida en la tierra como la vida del cielo: una vida productiva, de justicia, de paz y bondad, un orden positivo que prospera.

El Santo Padre también señala la importancia de la fe y la esperanza cristianas en el mundo moderno. En su encíclica, el Papa Benedicto analiza los falsos sueños utópicos de la era moderna y apunta al sufrimiento indecible que éstos han causado a los seres humanos. Desde este punto de vista, la redención no se realiza ya mediante la fe en la acción salvadora de Dios, sino a través de aquello que los seres humanos pueden realizar mediante la aplicación del conocimiento técnico a todos los problemas de la sociedad. Una ciencia orientada a la praxis entiende el progreso como la superación de toda dependencia para crear así el espacio para un “reino” donde Dios ya no está en el centro. En su reflexión, el Papa afirma que cuando la razón ha renunciado a la fe en la revelación o a la sabiduría moral de las grandes religiones esto ha llevado ha desarrollos científicos que, en algunos casos, han causado temor entre nuestros contemporáneos. Así como el hombre necesita a Dios para mantener la esperanza, la razón necesita la fe para hacer del mundo un lugar más humano. “La razón necesita de la fe para ser totalmente ella misma”, afirma Benedicto XVI.

El Papa dice también que la oración lleva a la esperanza. “Un lugar primero y esencial de aprendizaje de la esperanza es la oración. Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios”.

Y añade que la actuación y el sufrimiento son también lugares de aprendizaje de la esperanza. “Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo”, afirma. “Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito”.

Una persona “no puede aceptar el sufrimiento del otro si no logra encontrar personalmente en el sufrimiento un sentido, un camino de purificación y de maduración, un camino de esperanza. En efecto, aceptar al otro que sufre significa asumir de alguna manera su sufrimiento, de modo que éste llegue a ser también mío. Pero precisamente porque ahora se ha convertido en sufrimiento compartido…este sufrimiento queda traspasado por la luz del amor”, continúa la encíclica.

El Papa Benedicto dice que la práctica de orar por los muertos revela otro aspecto importante del concepto cristiano de la esperanza. “Como cristianos, nunca deberíamos preguntarnos solamente: ¿Cómo puedo salvarme yo mismo? Deberíamos preguntarnos también: ¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza? Entonces habré hecho el máximo también por mi salvación personal”.

Spe salvi es la segunda encíclica del Papa Benedicto XVI. La primera, Deus caritas est (Dios es amor), exploró el significado cristiano del amor y como este se expresa en la vida cotidiana. Fue publicada el 25 de diciembre de 2005.

Pueden encontrar el texto completo en español de Spe salvi en: http://www.usccb.org/bishops/Spe_Salvi_spa.doc.

Disponible también en inglés: http://www.usccb.org/bishops/Spe_Salvi_ing.doc.

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