En lo que respecta a los pecados contra la vida humana o la castidad, hoy día hay un profundo oscurecimiento de la conciencia. La cultura estadounidense también promueve un relativismo moral que no nos deja ver los pecados por lo que realmente son. Justamente la semana pasada, encontré un material escrito por tres católicos que ilustran esta tendencia:
Muchos católicos que sufren problemas de fertilidad han recurrido a la FIV para crear un hijo, y muchos la consideran in método “pro vida” simplemente porque trae a un nuevo bebé al mundo. Pocas personas están conscientes que, además de los problemas morales relacionados con la FIV, la gran mayoría de los hijos embrionarios creados mediante tecnologías reproductivas se descartan o mueren en el proceso.
Como adultos no podemos afirmar que las verdades morales de la Iglesia no están disponibles para nosotros. El Catecismo nos enseña que Dios inscribió la ley moral en nuestro corazón, y que tenemos un deber de educar y formar nuestra consciencia para que podamos realizar un buen juicio y actuar moralmente (Ver CIC, 1776-1794). Nunca ha sido más fácil acceder a la sabiduría de la Iglesia en cuestiones de vida y castidad: los escritos de los papas, obispos y teólogos de moral sólida se pueden buscar en Google.
Pero reconocer que un acto es pecaminoso es simplemente el primer paso hacia la reconciliación. También debemos arrepentirnos de nuestra acción, lo que normalmente implica dejar de lado nuestras excusas o racionalizaciones por el mal que cometemos. ¿Cuántos padres, que se enfrentan con un diagnóstico de problemas genéticos en el niño por nacer, han sucumbido ante el consejo de doctores y seres queridos de terminar la vida del niño para “evitar el sufrimiento del niño”? ¿Cuántos padres de adolescentes pensaron que estaban haciendo lo correcto al insistir que su hija se realizara un aborto para que no tuviera que “llevar una carga” mientras terminaba sus estudios? Dios quiere restaurar nuestra paz y derrama su gracia sanadora sobre nosotros en la confesión, pero las racionalizaciones y las excusas deben desaparecer.
Los párrocos deberían estar preparados de una manera única para inspirar una profunda conversión y reconciliación entre sus fieles. Pueden alentar a un entendimiento de las enseñanzas de la Iglesia sobre la vida y la castidad —lo básico para un examen de conciencia auténtico e integral— por medio de homilías, y de volantes para boletines y anuncios que citen buenos artículos sobre estas enseñanzas. Al predicar acerca del deseo de Dios de perdonar nuestros pecados y renovarnos en su gracia, y ofrecer horas extras de reconciliación sacramental cada semana, los sacerdotes pueden superar el temor e “incomodidad” que mantienen a las personas alejadas de la confesión. Con estos pocos pasos, a todos nosotros en la parroquia se nos puede alentar para hacer las paces con nuestro pasado y observar más dignamente la Semana Santa y la Pascua este año.La Sra. Susan Wills es directora adjunta para educación y difusión del Secretariado de Actividades Pro-Vida de la USCCB. Para más información sobre las actividades pro-vida de los obispos, visite www.usccb.org/prolife.
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