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El Tratado de Libre Comercio Estados Unidos-América Central

 
Declaración Conjunta Sobre el Tratado de Libre Comercio Estados Unidos-América Central (TLC EEUU-CA) del Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC) y los Presidentes de los Comités de Política Nacional e Internacional de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB)

Con ocasión de la reciente visita a Washington de seis obispos centroamericanos, el Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC) y los Presidentes de los Comités de Política Nacional e Internacional de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) deseamos expresar con una sola voz nuestras observaciones y preocupaciones sobre el Tratado de Libre Comercio suscrito recientemente por los gobiernos de nuestros países. Después de haber sostenido un fecundo intercambio entre nosotros y de haber dialogado con representantes de diversas instancias del Gobierno norteamericano, del Congreso de los Estado Unidos, de instituciones multilaterales y de la sociedad civil, expresamos lo siguiente:

  1. Según nuestra visión pastoral, que se inspira en el Evangelio y la doctrina social de la Iglesia, la persona humana debe estar en el centro de toda actividad económica. En este sentido, los tratados de libre comercio deberían ser un instrumento de auténtico desarrollo humano que se base en principios fundamentales como la dignidad humana, la solidaridad y la subsidiariedad. De la manera como se apliquen estos valores dependerá la calificación ética, positiva o negativa, de dichos tratados.

  2. Si los tratados se configuran de acuerdo a una perspectiva moral adecuada, pueden promover el desarrollo humano sostenible, respetando el medio ambiente, fomentando una cooperación económica más estrecha entre los países que los suscriben, elevando el nivel de vida de los pobres y marginados. La solidaridad debe acompañar la integración económica a fin de preservar el valor de la vida, proteger a las familias más vulnerables y defender las culturas locales.

  3. Sabemos que los tratados de libre comercio no son una panacea para resolver los problemas más profundos de pobreza y exclusión social y económica. Deben ser parte de una agenda más amplia que incluya políticas y programas de cooperación financiera, políticas migratorias y programas diseñados específicamente para promover a los sectores perjudicados por dicho tratado. El reto fundamental es poner en marcha un modelo de desarrollo humano sostenible.

  4. Creemos que, en un mundo cada vez más interdependiente, es imperativo humanizar la globalización económica globalizando la solidaridad entre las personas y los Pueblos. De lo contrario, como señala el Papa Juan Pablo II, “los pobres parecen tener bien poco que esperar” (Ecclesia de Eucharistia, 20). En efecto, “si la globalización se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias negativas” (Ecclesia in América, 20).

  5. La situación general en que viven los pueblos de América Central está marcada por la pobreza y la exclusión, una brecha creciente entre ricos y pobres, sistemas inadecuados de educación y de salud pública, inseguridad y violencia, y migración causada por la falta de oportunidades.

  6. No estamos seguros de que el tratado de libre comercio entre los Estados Unidos y América Central sea capaz de aumentar las oportunidades para los más pobres y vulnerables a fin de que éstos resulten realmente beneficiados por un aumento en el comercio. Para lograrlo sería necesario diseñar políticas comerciales que asuman una agenda de auténtico desarrollo. esto implica entre otras cosas: medidas audaces para mejorar la educación y la salud pública, la inclusión de las minorías y las personas discapacitadas así como el fortalecimiento de la democracia participativa. de esta manera habría mayor posibilidad de que los frutos que se atribuyen a la liberalización del comercio sean una realidad, de modo que podamos constatar una reducción real de la creciente brecha entre ricos y pobres.

Tomando en cuenta todo lo anterior, a la luz de los principios y valores que hemos enunciado y la situación de los pueblos, señalamos algunas de nuestras preocupaciones sobre el impacto que el Tratado de Libre Comercio podría tener en nuestros países, particularmente en Centro América:

  1. No ha habido suficiente información y debate en nuestros países en torno a los distintos aspectos del Tratado y su impacto sobre nuestras sociedades. Esto es grave debido al evidente desequilibrio en poder e influencia que existe entre Estados Unidos y los países centroamericanos. La falta de diálogo y de consenso sobre el Tratado también está generando un descontento creciente. En Centroamérica, esto puede provocar violencia y convulsión social, poniendo en peligro la democracia y la pacífica convivencia.

  2. En el campo de la agricultura, no se presta suficiente atención a aspectos tan sensibles como el impacto que tienen en los productores centroamericanos los subsidios que aquella recibe en los Estados Unidos. Es muy probable que las comunidades agrícolas más pobres en Centroamérica se vean gravemente afectadas cuando los productos agrícolas subsidiados por Estados Unidos inunden sus mercados. Cualquier reforma a este tipo de medidas de apoyo debe atender las necesidades tanto de los pequeños y medianos agricultores, de los trabajadores agrícolas de los Estados Unidos como los de la región centroamericana, para quienes la agricultura es la forma principal de subsistencia.

    Aun cuando dichas reformas se lleven a cabo, se debe conseguir que los países centroamericanos implementen flexiblemente las medidas de liberalización de comercio que permitan a los agricultores producir alimentos para sus pueblos, mantener un ingreso estable y asegurar un autentico desarrollo rural.

  3. Aunque en el tratado se han incluido normas legales sobre el trabajo y el medio ambiente, no es evidente que los mecanismos de cumplimiento establecidos en el mismo garanticen una protección real de los derechos fundamentales de los trabajadores y la defensa del medio ambiente.

    Se ha insistido en que el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y América Central tendrá como resultado un incremento significativo en el nivel deL empleo. Sin embargo, estos empleos serían principalmente en el área de la maquila, que está destinada principalmente a las mujeres y que con frecuencia es una forma de empleo precario. Sabemos por experiencia que sin el estricto respeto a los derechos del trabajador, este tipo de empleo no produce un auténtico desarrollo humano. Además, habría que considerar con más cuidado la posible pérdida de empleos en el campo y la consiguiente emigración a las ciudades o fuera de la región.

    Un incremento en el comercio y el consumo podría tener un impacto negativo en el medio ambiente. Por eso, las normas sobre protección del medio ambiente dentro del Acuerdo deben asegurar el uso sostenible de los recursos naturales tales como el agua y los bosques.

  4. El Tratado afectará los derechos de la propiedad intelectual. El marco jurídico propuesto podría poner en peligro el derecho de los países centroamericanos a ejercer la debida administración de sus recursos naturales. Si el uso de los medicamentos genéricos es restringido, esto podría encarecer aún más los cuidados de la salud.

Por todo lo anterior, y teniendo en cuenta principalmente a los más pobres, que son la inmensa mayoría en América Central, y antes de que se proceda a una posible ratificación del Tratado de Libre Comercio de parte de los parlamentos de los distintos países, pedimos respetuosamente:

  1. Que el Tratado de Libre Comercio contribuya a una agenda más amplia de desarrollo humano sostenible, sobre todo de los sectores más pobres y vulnerables. Esta Agenda debería incluir recursos financieros suficientes que permitan a los países de Centroamérica no sólo invertir en su capacidad comercial sino también en un desarrollo humano y social integral.

  2. Que los Gobiernos de los distintos países se tomen el tiempo necesario para proveer una adecuada información a la población y propiciar un amplio debate acerca de los contenidos y el impacto del Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y América Central, que serviría como base para la discusión en la asamblea legislativa de cada país.

  3. Lo reiteramos una vez más: el indicador moral de cualquier acuerdo comercial debería ser cómo dicho acuerdo afecta la vida y dignidad de las familias y de los trabajadores pobres y vulnerables, cuya voz dentro de esta discusión debería recibir una atención especial.

Los obispos que suscribimos la presente declaración renovamos el compromiso de acompañar desde nuestra perspectiva pastoral el caminar de nuestros pueblos a fin de contribuir al auténtico desarrollo humano, es decir, “El paso, para todos y cada uno, de condiciones menos humanas a condiciones más humanas” (Populorum Progressio, 20). Este desarrollo deberá conseguir el “aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza, la cooperación al bien común y la voluntad de la paz”. (Populorum Progressio, 21).

Firmas

Theodore Cardinal McCarrick
Archbishop of Washington,
Chairman, Domestic Policy Committee

Most Reverend John H. Ricard, SSJ
Bishop of Pensacola-Tallahassee
Chairman, International Policy Committee

Most Reverend Alvaro Leonel Ramazzini Imeri
Bishop of San Marcos
President, Bishops’ Secretariat of Central America and Panama

Most Reverend Gregorio Rosa Chavez
Auxiliary Bishop San Salvador
Secretary, Bishops’ Secretariat of Central America and Panama




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