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Letter on Proposed Central American Free Trade Agreement (CAFTA)

 

11 de febrero de 2003

Honorable Robert B. Zoellick
Representante de Comercio de EE.UU.
600 17th Street, N.W.
Washington, DC 20508

Estimado Embajador Zoellick:

Le escribo de parte de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos en relación al propuesto tratado de comercio con Centroamérica (CAFTA). El pasado noviembre, yo participé como miembro de una delegación de obispos católicos estadounidenses que visitaron Guatemala, Honduras y El Salvador por invitación del concejo regional centroamericano de obispos Católicos. El objetivo principal de la visita fue el de incrementar nuestro entendimiento de las principales inquietudes de la Iglesia en Centroamérica con relación a los efectos de la globalización

Uno de los temas de discusión principales en cada país fue el de CAFTA, y quisiera compartirle las inquietudes que escuchamos sobre el impacto potencial de CAFTA en los pobres de las zonas rurales y en la producción agrícola, en los trabajadores de las zonas urbanas y en el medio ambiente. También escuchamos demandas insistentes que el acuerdo sea negociado a través de un proceso que sea ambos transparente y participativo.

Aunque nosotros no tomamos una posición sobre CAFTA en su totalidad, queremos cuestionar algunos elementos del tratado propuesto que tocan la vida humana y la dignidad. Más comercio e inversión pueden ser realmente de beneficio, generando mayores salarios y oportunidades de empleo para muchas personas. No obstante, los acuerdos comerciales deben ser estructurados de manera que no sólo levanten las economías en su totalidad sino que respeten la dignidad humana de todas las personas afectadas, particularmente de los pobres. Como líderes religiosos, estamos profundamente involucrados en las comunidades y con las familias que pudieran ganar y perder mucho debido a acuerdos comerciales. Como parte de la iglesia internacional, tenemos fuertes conexiones con la Iglesia y con la gente de Latinoamérica, de Africa y de otras partes del mundo en vías de desarrollo. Nos preocupa profundamente la manera en que acuerdos económicos afectarán las vidas, la dignidad y los derechos especialmente de millones de personas pobres en estos países.

Durante nuestra visita, nos reunimos con obispos y personal de la iglesia y con representantes de una variedad de organizaciones de la sociedad civil. También nos reunimos con funcionarios gubernamentales en cada país y con funcionarios de las embajadas estadounidenses. En cada país, escuchamos temores expresados por representantes de la Iglesia y de la sociedad civil que CAFTA resultaría en la erosión de los niveles de vida de los trabajadores de fábrica y que podría llevar a la degradación del medio ambiente. La inquietud expresada con mayor frecuencia y persistencia, sin embargo, fue la del impacto potencial en los agricultores y en los trabajadores agrícolas.

Escuchamos que las comunidades rurales habían sido golpeadas en los años recientes por huracanes, sequías, la caída de precios internacionales y otros factores. Como los productores centroamericanos no pueden competir con los altos subsidios del sector agrícola estadounidense, ellos creen que la eliminación de la protección comercial bajo CAFTA pondría en peligro la producción local y resultaría en una mayor deterioración de condiciones ya bastante difíciles para el sector agrícola más pobre, especialmente aquel que depende de la producción de granos básicos para su subsistencia. También resultaría en mayores presiones para emigrar a Estados Unidos y a otros países. Parece que es poca la probabilidad de que los subsidios al agricultor estadounidense se disminuyan bajo CAFTA o que CAFTA trataría los temas relacionados de la mobilidad laboral y la migración, a pesar de que el mayor “producto de exportación” (y generador de divisas) de Centroamérica es sin duda su gente.

Algunos funcionarios de gobierno centroamericanos, aunque fueron críticos de los subsidios a la agricultura estadounidense, fueron del punto de vista que el impacto que CAFTA tendría en el sector rural sería limitado. Algunos mencionaron la importancia de tratar que CAFTA sea de beneficio a la gente pobre del sector rural, y de proceder con programas para ayudarle al pequeño agricultor a hacer la transición a cultivos alternativos así como a incrementar su productividad. Los representantes de comunidades rurales, sin embargo, vieron tales planes gubernamentales como “promesas vacías”.

Dadas las inquietudes expresadas, queremos ofrecer varias consideraciones, basadas en nuestros principios morales tradicionales, las cuales le exhortamos que tome en cuenta al darle forma a la postura de negociación de EEUU referente a CAFTA. La primera es que ya que tanta de la gente más pobre del mundo, incluyendo aquella en Centroamérica, vive y trabaja en comunidades rurales, mejorar la productividad agrícola y los niveles de vida de los países pobres es primordial para responder a la pobreza mundial. Los acuerdos comerciales, por lo tanto, deben fomentar tales mejoras.

Además, las necesidades particulares de la gente más empobrecida ameritan un tratamiento diferente para los países pobres. Como principio general, y particularmente cuando los subsidios estadounidenses impiden la posibilidad de una “competencia justa”, creemos que los tratados comerciales deben permitir a los países pobres el uso de subsidios y de mecanismos de apoyo que sean necesarios para que alcancen la seguridad de ingresos de sus agricultores y trabajadores agrícolas, y la seguridad alimenticia de su gente. También se deben promover políticas que provean acceso especial a los países pobres a los mercados estadounidenses.

Reconocemos que el tema de los subsidios agrícolas estadounidenses es un tema complejo, y que nuestra preocupación desde hace tiempo por el bienestar de nuestras familias que dependen de la actividad agrícola nos lleva a apoyar los subsidios destinados al agricultor de pequeña y mediana escala que distorsionan el comercio lo menos posible. Por otro lado, como los subsidios agrícolas estadounidenses benefician principalmente a los productores de gran escala, debe haber suficiente espacio para reducirlos sustancialmente (y destinarlos) al igual que otras medidas protectivas que ponen en desventaja la producción de los países en vías de desarrollo o que niegan el acceso al mercado estadounidense a sus agricultores.

Las inquietudes de los trabajadores urbanos no fueron uno de los enfoques principales de nuestra visita; no obstante, surgen asuntos de ética importantes que deben ser considerados. Los tratados de comercio deben llevar a la mejora de los niveles de vida especialmente de los trabajadores pobres y vulnerables y los de sus familias, y deben afirmar los derechos fundamentales del trabajador, incluyendo el derecho a organizarse y a negociar colectivamente. (Aunque estos últimos derechos pueden formar parte de la ley local, muchas veces no se hacen cumplir). En cuanto al medio ambiente, nuestra inquietud por la creación de Dios nos lleva a exhortar que se tomen las medidas necesarias para que los tratados comerciales no menoscaben la capacidad de los países pobres de promover la protección del medio ambiente y las prácticas para lograr una agricultura sostenible.

En cuanto al proceso, los representantes de la Iglesia y de la sociedad civil se mostraron sumamente preocupados que las negociaciones procederían rápidamente y mayormente en secreto, dando poca oportunidad a aquellos representantes de los intereses de los pobres para brindar sus puntos de vista, y menos aún para que estos se tomen en cuenta. Debido a que contaban con tan poca información, se veían obligados a adivinar qué asuntos se tratarían en las negociaciones de un acuerdo que consideraban podría tener un efecto profundo en sus vidas. Aunque los funcionarios de gobierno con quienes conversamos expresaron la intención de informar al público sobre CAFTA y de llamar a un proceso transparente y participativo, era evidente que, al menos en lo que respecta a los grupos de la sociedad civil, ese proceso aún no se había comenzado.

Debido a las inquietudes, esperanzas y temores que escuchamos durante nuestra visita, le animamos a que se asegure que todas las partes interesadas, especialmente los grupos que pueden hablan por los pobres tanto en los Estados Unidos y en Centroamérica, cuenten con suficiente información y oportunidades para contribuir de manera significativa en las negociaciones, para que así CAFTA sea el producto de un debate público abierto y bien informado.

Con mis mejores deseos y pidiéndole a Dios que le bendiga, quedo

Sinceramente suyo,

Monseñor John H. Ricard, SSJ
Obispo de Pensacola-Tallahassee
Presidente, Comité de Política Internacional

 


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