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Love Is Our Mission:
The Family Fully Alive

Is the theme of the World Meeting of Families – Philadelphia 2015, emphasizing the impact of the love and life of families on our society. The World Meeting of Families is the world’s largest Catholic gathering of families. 

 

 

Cuando Pido Ayuda: Una Respuesta Pastoral a la Violencia Doméstica Contra la Mujer

 

Comite de Obispos sobre el Matrimonio y la Vida Familiar
Comite de Obispos sobre la Mujer en la Sociedad y en la Iglesia
Afirmado por los miembros de la NCCB/USCC
Conferencia Nacional de Obispos Católicos


Ella explicó que tuvo que quedarse con su hermana porque su esposo le cerró la casa cuando estaba furioso. Él, le informó al consejero en la terapia de grupo que después del primer par de golpizas, ya no tuvo que volver a golpearla. Era suficiente amenazarla levantando el puño.

Introducción

Como pastores de la Iglesia en los Estados Unidos, nos unimos a los obispos de otros países, especialmente Canadá y Nueva Zelandia, al declarar tan clara y fuertemente como podamos que la violencia contra la mujer, en el hogar o fuera del hogar, nunca es justificada. La violencia en cualquier forma - física, sexual, psicológica, o verbal - es pecaminosa; muchas veces es también un crimen.

El abuso es un tópico en el que a nadie le gusta pensar. Pero como éste existe en nuestras parroquias, diócesis y vecindades, presentamos esta declaración como un primer paso en lo que nosotros esperamos será un contínuo esfuerzo de la Iglesia en los Estados Unidos para combatir la violencia familiar en contra de la mujer. Esta declaración es una respuesta a las repetidas solicitudes de muchas mujeres y hombres a lo largo de los Estados Unidos para tratar el tema.

Estamos escribiendo acerca de nuestro deseo de ofrecer los recursos de la Iglesia, tanto a las mujeres que son maltratadas como a los hombres que abusan de ellas. Ambos grupos necesitan de la fuerza y curación de Jesús. Estamos escribiendo también sobre la conciencia de que en tiempos de inestabilidad económica, como el presente, en que los asalariados pierden sus trabajos o son amenazados con su pérdida, se ven a menudo afectados por un aumento en la violencia familiar.

A pesar de que estamos enfocando aquí la violencia en contra de la mujer, ésto no implica de ninguna manera que la violencia en contra de los hombres o de los jóvenes o los mayores de edad o los no nacidos sea algo de menor gravedad. En realidad, la violencia en contra de cualquier persona es contraria al mensaje del Evangelio de Jesús de "Amáos los unos a los otros como yo los he amado." Cuando la violencia en contra de la mujer es tolerada, puede ayudar a preparar el escenario para actos violentos en contra de otros grupos también.

La violencia en contra de la mujer en el hogar tiene particularmente serias repercusiones. Cuando la mujer es una madre y la violencia es llevada a cabo delante de sus niños, se crean las condiciones en el ambiente para un ciclo de violencia que puede ser transmitido de generación en generación.

Los consejeros de la violencia familiar nos enseñan que la violencia es un comportamiento aprendido. En algunos casos, los hombres que cometen el abuso y las mujeres que son abusadas han crecido en hogares donde ocurría la violencia. En una situación semejante, un niño puede crecer creyendo que la violencia es un comportamiento aceptable; los niños aprenden que ésta es una forma de ser poderosos. Los consejeros sobre el abuso dicen que el niño que haya crecido en un hogar presenciando abuso físico está mil veces más inclinado a utilizar la violencia en su propia familia. Al mismo tiempo, apenas el 25 por ciento de los hombres que crecieron en hogares con abuso físico prefirieron no usar la violencia.

Estamos de acuerdo con los obispos de Quebec, Canadá, cuando llaman a la comunidad cristiana para "unir sus fuerzas y complementar el trabajo de aquellas asociaciones y grupos que están actualmente comprometidos en prevenir y defender esta forma de violencia."1

También estamos de acuerdo con los líderes de la Iglesia canadiense, quienes han sostenido que cuando los hombres abusan de la mujer, "reflejan una falta de entendimiento en nuestra sociedad acerca de la forma en que hombres y mujeres deben relacionarse unos con otros. Ellos violan los valores básicos cristianos de justicia, igualdad, respeto, dignidad y paz; van en contra del llamado a la práctica de la amabilidad, la bondad, la confianza, el soporte mutuo, y de amarnos unos a otros como a nosotros mismos."2

A Quienes Nos Dirigimos

Reconociendo la seriedad del problema, estamos dirigiendo esta declaración a varias audiencias:

  • primero, a las mujeres que son víctimas de la violencia y que necesitan la ayuda de la Iglesia para escapar de su dolor y su aislamiento;
  • a los párrocos, personal de la parroquia y educadores que a menudo son una primera línea de defensa para las mujeres que están sufriendo el abuso;
  • a los hombres, especialmente a aquellos que como agresores no saben cómo escaparse del ciclo de violencia, o que no comprenden cómo ésto puede conseguirse;
  • a la sociedad, que lentamente está reconociendo el alcance de la violencia familiar en contra de la mujer.

NOTA: Esto no quiere decir que en esta declaración esté todo incluido sobre la violencia en contra de la mujer. Porque la violencia tiene muchas dimensiones y ramificaciones, esta declaración intenta ser una introducción junto con algunas sugerencias prácticas pastorales a las parroquias de lo que pueden hacer ahora en ese sentido.  


La Violencia Familiar en los Estados Unidos

  • Un estimado de 3 a 4 millones de mujeres en los Estados Unidos son maltratadas cada año por sus esposos o parejas.*
  • Aproximadamente el 37 por ciento de las pacientes obstétricas - de cualquier raza, clase, y tipo de educación - reportan que son abusadas físicamente cuando están embarazadas.*
  • Más del 50 por ciento de las mujeres asesinadas en los Estados Unidos son asesinadas por sus parejas o ex-parejas. *
  • En 1987, 375,000 mujeres y niños maltratados fueron atendidos por albergues y casas de refugio, pero los albergues solamente pueden aceptar un 60 por ciento de aquellos que necesitan ayuda.**
*Revista de la Asociación Médica Americana.
**Reporte Nacional de la Salud de la Mujer. (Ver la bibliografía para citas)

Dimensiones del Problema

"La evidencia recogida através de los últimos veinte años nos indica que la violencia física y sexual en contra de la mujer es un problema de enormes dimensiones. El alto predominio de la violencia en contra de las mujeres las mantiene en contacto permanente con los médicos; por lo menos una de cada cinco mujeres atendidas en los departamentos de emergencia han presentado síntomas relacionados con el abuso." 3 La violencia familiar es la forma más común de violencia en nuestra sociedad y el crimen menos reportado.

¿Qué es el abuso? El abuso es cualquier clase de comportamiento utilizado por una persona para controlar a otra a través del miedo y la intimidación. Este incluye el abuso emocional y psicológico, los golpes, y el ataque sexual. El abuso no está limitado a un simple grupo. Penetrando a través de orígenes raciales y económicos, puede ocurrir en familias de cualquier étnia, economía, religión y tipo de educación.4

Por el hecho de ocurrir usualmente en la privacidad de los hogares, la violencia se encuentra a menudo envuelta en el silencio. Las personas ajenas a la familia vacilan en interferir, aún cuando suponen que está ocurriendo el abuso. Tradicionalmente, el abuso de una esposa por su marido ha sido considerado "no solo un asunto de familia sino virtualmente una prerrogativa del esposo."5 Aún hoy día, algunas personas - erróneamente - argumentan que la intervención por parte de fuentes externas pone en peligro el concepto de la santidad del hogar.

Sin embargo, el abuso, el ataque, o el asesinato no son menos graves por el hecho de ocurrir dentro de la familia. . . La violencia, ya sea cometida en contra de miembros de la familia o extraños, es contraria a los mensajes judeo-cristianos de amor y respeto por la persona."6

Como habíamos dicho, "la dignidad de una mujer es destruida de una manera particularmente cruel y atroz cuando se le trata violentamente. Nos conmociona saber que actualmente una de cada cuatro mujeres será atacada sexualmente en algún momento de su vida."7

Por Qué los Hombres Golpean

Algunas opiniones psiquiátricas sostienen que en un pequeño porcentaje de casos, un desorden psicofísico puede desencadenar en conducta violenta. Sin embargo, en la mayoría de los casos, otras razones pueden explicar el comportamiento abusivo de los hombres. Los hombres que abusan de las mujeres llegan a convencerse de que tienen el derecho de hacerlo así. Pueden creer que la violencia es una manera de disipar la tensión y resolver los problemas - una versión que la sociedad usualmente apoya. Los golpes y otras formas de abuso ocurren en una sociedad saturada con la violencia, donde ésta se ve glorificada en los libros, las películas y la televisión. A menudo, la violencia es representada como la manera apropiada de responder a situaciones amenazadoras.

Los hombres abusivos tienden a ser extremadamente celosos, posesivos, y se enojan fácilmente. Por ejemplo, ellos se pueden poner furiosos porque su esposa llame muy a menudo a su familia o porque no haya dejado un mensaje. Muchos tratan de aislar a sus esposas limitando su contacto con la familia y amigos.

Frecuentemente, los hombres abusivos tienen una baja auto- estima y se sienten vulnerables y débiles. Tienen una mayor probabilidad de haber presenciado o experimentado la violencia en algún momento de su infancia, abusan del alcohol, son sexualmente agresivos con sus esposas, y constituyen un riesgo para la violencia contra los niños."8 Usualmente, niegan estar cometiendo el abuso, o insisten en que ésto sucede raramente. Muchos tratan de responsabilizar de su comportamiento abusivo a algún factor externo a su persona - sus esposas, su trabajo, y así sucesivamente. El alcohol puede constituir una presencia especialmente determinante en muchos de los incidentes de violencia familiar. El alcohol y las drogas reducen las inhibiciones y pueden aumentar la cólera, deteriorar la conciencia de la persona, insensibilizar e incrementar la cantidad de fuerza que utiliza usualmente la persona.

Muchos hombres abusivos mantienen el criterio de que la mujer es inferior. Su conversación y lenguaje revelan sus actitudes en cuanto a la posición de la mujer en la sociedad. Muchos creen que ser hombre significa dominar y controlar a la mujer.

Por Qué las Mujeres se Quedan

Ninguna respuesta explica completamente por qué las mujeres permanecen con sus agresores. Los psiquiatras reportan que las relaciones abusivas usualmente derivan de otras relaciones; al principio, ambas partes se aman y recompensan mutuamente. Durante el proceso, cuando ocurre el primer acto de violencia, la mujer es probable que sea incrédula aunque esté deseando creerle a su esposo cuando éste se disculpe y le prometa que nunca más lo repetirá.

Al pasar el tiempo y repetirse el abuso, muchas mujeres llegan a creer que de alguna manera deben culparse por las actuaciones de su esposo, o pareja; piensan que si ellas hubieran actuado en forma diferente el abuso no hubiese ocurrido. En los momentos en que su amor propio caiga, se sentirán atrapadas en la relación abusiva, especialmente si tienen niños y no cuentan con ningún otro medio de apoyo.

Muchas mujeres abusadas se encuentran aisladas y a solas con sus penas. Aún cuando desean buscar ayuda, no saben hacia dónde ir. Además, muchas se sienten sumamente avergonzadas para admitir lo que está pasando. Pueden llegar a creer que son las responsables del éxito o el fracaso del matrimonio. En consecuencia, muchas mujeres se sienten demasiado avergonzadas para admitir que el hombre con el cual se casaron o con el que tienen niños, a los que aman, es el mismo que las está aterrorizando. "La violencia en el hogar usualmente no permite que una mujer pueda asumir una posición que no sea defensiva."9

Finalmente, muchas de las esposas maltratadas son económicamente vulnerables. Es posible que no se crean capaces de mantenerse por sí mismas, mucho menos a sus hijos. En consecuencia, no ven cómo se podrían escapar. El resultado es que se vuelven pasivas, ansiosas y depresivas. La mayoría de ellas son incapaces de visualizar un futuro diferente para sí mismas.

A través del tiempo el abuso se intensifica, a pesar de que a veces puede que no incluya la violencia físico. A menudo, la amenaza del abuso físico es suficiente para aterrorizar a las mujeres. Para algunas víctimas, el resultado final del abuso es el asesinato.

En Busca de una Respuesta de la Iglesia a la Violencia Doméstica

Las Enseñanzas de las Escrituras
Un tema que encontramos en las Sagradas Escrituras, comenzando desde el Génesis, es que la mujer y el hombre han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Como lo ha dicho Juan Pablo II, "Tanto el hombre como la mujer, son seres humanos en el mismo grado."10 En el Nuevo Testamento, Jesús se dirigió repetidamente a aquellas personas de los estratos más bajos de la sociedad, aquellas sin poder o autoridad, aquellas que no tenían alguien que hablara en su defensa. El enseñó que todas las mujeres y hombres son seres dignos de respeto y dignidad.

Jesús respetó en todo momento la dignidad humana de la mujer. Juan Pablo II trae a colación que: "El modo de actuar de Cristo, el Evangelio de sus obras y de sus palabras, es un coherente reproche a cuanto ofende la dignidad de la mujer."11 Jesús salió de su camino para ayudar a las mujeres más vulnerables. Piense en la mujer con la hemorragia (ver Marcos 5:25-34), o la mujer sorprendida en un acto de adulterio (ver Juan 8:1-11). Por sus acciones hacia las mujeres así como en su modo de comportarse, no se encuentra nada que refleje la habitual discriminación de la mujer propia del tiempo; por el contrario, sus palabras y sus obras expresan siempre el respeto y el honor debido a la mujer. Por sus acciones hacia las mujeres necesitadas, Jesús dió el ejemplo a seguir por nosotros hoy día. Al igual que él, estamos llamados a buscar las vías de ayudar a aquellas mujeres vulnerables que encontramos en nuestro camino. También necesitamos encontrar las formas de ayudar a aquellos hombres que quieren romper con los patrones del abuso.

Como Iglesia que somos, uno de los aspectos más preocupantes del abuso que se practica contra las mujeres está en el uso de los textos bíblicos, sacados a colación, para justificar el comportamiento abusivo. Los consejeros reportan que tanto las mujeres abusadas como sus agresores utilizan los pasajes de las Escrituras para justificar su comportamiento.

Las mujeres abusadas dicen: "Yo no puedo romper con esta relación. La Biblia dice que sería algo, malo." Los hombres abusivos dicen: "La Biblia dice que mi mujer debe estar sumisa a mí." Ellos toman los textos bíblicos y los distorsionan como un medio de justificar su derecho a la agresión.

En nuestra capacidad de obispos, condenamos el uso de la Biblia para justificar el comportamiento abusivo. Una interpretación correcta de las Escrituras permite a las personas llevar una relación basada en el amor y la mutualidad. Una vez más, Juan Pablo II lo describe claramente: "En la 'unidad de los dos' el hombre y la mujer son llamados desde su origen no sólo a existir 'uno al lado del otro', sino que son llamados también a existir recíprocamente, 'el uno para el otro'."12

Aún en aquellos pasajes donde la Biblia utiliza el lenguaje tradicional para sustentar el orden social reinante en la época, la imagen presentada no busca en ningún momento justificar el uso del abuso para tener control sobre otra persona. En Efesios 5:21-33, por ejemplo, donde se refiere a las relaciones interfamiliares, el principio general que prevalece es el de la sumisión mutua entre el marido y la mujer. El pasaje presenta a los esposos la imagen de que deben amar a sus esposas como aman a su propio cuerpo, como Cristo ama su Iglesia. ¿Podría usted imaginar a Jesús agrediendo su Iglesia?

Lo que Podemos Hacer para Ayudar

Aquí se presentan algunas sugerencias prácticas pueden ser implementadas en su parroquia y diócesis.

A las Mujeres Abusadas

  • Comience a creer que usted no está sola. Muchas mujeres han solicitado ayuda y han encontrado el camino hacia una nueva vida para sí mismas y para sus hijos.

  • Hable en confianza con alguien en quien confíe: un familiar, una amistad, un sacerdote de la parroquia, un diácono, una hermana. A pesar de que puede ser inquietante el hablar de problemas familiares íntimos, confíe en ellos diciéndoles toda la verdad sobre su problema.

  • Si usted tiene que permanecer en la situación, al menos por el momento, trace un plan de seguridad que pueda utilizar en caso de presentarse otro episodio de abuso.

  • Esto incluye: esconder una llave del carro en un lugar fuera de la casa; mantener una cantidad pequeña de dinero en un lugar seguro; localizar un lugar a dónde ir en caso de una emergencia. Cuando sienta que se acerca otro episodio de violencia, salga de la casa inmediatamente y no regrese hasta que tenga la seguridad de que ha pasado el peligro.

  • Localice las instituciones en su sector que ofrezcan ayuda a las mujeres agredidas y sus hijos. Su médico o el bibliotecario de la zona pueden referirla a los grupos apropiados. La Oficina de las Caridades Católicas de su diócesis o la Oficina de Vida Familiar puede ayudarla. Las oficinas de las Caridades Católicas tienen frecuentemente consejeros capacitados entre su personal y pueden ofrecer asistencia en casos de emergencia y otros tipos de ayuda.

  • Las páginas amarillas de la guía telefónica tienen en su lista los refugios para mujeres agredidas de su sector. El 911 es el número universal para llamar a la Policía.

A los Hombres que Abusan

  • Tenga el coraje de ver honestamente su comportamiento en la casa y especialmente hacia su mujer. Comience a creer que usted puede cambiar su conducta si se propone hacerlo.

  • Tenga conciencia de que usted es el causante del abuso; no es su mujer la culpable. No busque excusas para la agresión.

  • Tenga la disposición de buscar ayuda. Hable con alguien que usted crea que pueda ayudarlo. Póngase en contacto con las organizaciones de las Caridades Católicas o refugios de su área para ver el nombre del programa para agresores que adoptará.

  • Mantenga todo el tiempo en su mente que la Iglesia está ahí para ayudarle. Parte de la misión que nos encomendó Jesús es la de ofrecer ayuda cuando se necesite. Contacte su parroquia.

  • Encuentre otras formas alternativas de reaccionar cuando se sienta enojado o frustrado. Hable con otros hombres que hayan atravesado por conducta agresiva y la hayan superado. Entérese de lo que hicieron en esos casos y cómo lo hicieron.

A Los Párrocos y Ministros de la Pastoral

  • Haga de su parroquia un lugar seguro donde las mujeres agredidas y los hombres que agraden puedan solicitar ayuda.

  • Aprenda lo más que pueda sobre violencia doméstica. Manténgase en estado de alerta para detectar cualquier signo de abuso entre las mujeres de la parroquia.

  • Unase a la observancia nacional del mes de Octubre como "El Mes de la Concientización Nacional sobre la Violencia Doméstica." Dedique por lo menos un fin de semana de ese mes a la educación de los parroquianos en materia de abuso y su eventual presencia en su parroquia.

  • Asegúrese de que los sermones de la parroquia se refieran a la violencia doméstica. Si las mujeres abusadas no oyen nada sobre el abuso, pueden creer que a nadie le importa. Describa de lo que se trata el abuso de modo tal que las mujeres empiecen a reconocerlo y puedan contar lo que les está pasando.

  • Si usted sospecha de un abuso, haga preguntas directas. Pregunte a la mujer si ella ha sido golpesada o maltratada en la casa. Evalúe cuidadosamente su respuesta. Algunas mujeres no tienen conciencia de que están siendo abusadas o mienten para proteger a sus maridos.

  • Al hablar con una persona abusada, sea cuidadoso en su lenguaje. No diga nada que pueda sustentar su creencia de que ella tiene la culpa y que debe cambiar su comportamiento. La víctima no puede ser culpada. El agresor debe ser el responsable de su conducta.

  • En las sesiones de preparación para el matrimonio evalúe los métodos de la pareja para lidiar sus diferencias y sus modelos familiares para la solución de los problemas. Sugiera la posposición del matrimonio en caso de identificar signos de abuso o de abuso eventual.

  • En los programas de preparación para el bautizo, manténgase alerta de que la llegada de un hijo y la inquietud de la espera puedan imitar al comportamiento violento.

  • Mantenga una lista actualizada de las instituciones para mujeres abusadas de su área.

  • Trace un plan de acción para seguir en caso de que una mujer agredida llame solicitando ayuda o edifique un esquema de colaboración con la Policía de agencias de asistencia a la violencia doméstica. Localice un lugar seguro para las mujeres abusadas.

A los Educadores y Catequistas

  • Asegúrese de que todos los educadores y catequistas reciban entrenamiento en la forma de reconocer el abuso.

  • Insista en que las enseñanzas y exámenes estén exentos de cualquier tipo de estereotipo sexual. La agresión puede desencadenar en acoso sexual.

  • Trate de incluir a los albergues para mujeres y niños abusados en las listas de servicio de las clases de confirmación y otros grupos de servicio.

  • Incluya información sobre la violencia doméstica en las clases de sexualidad humana y vida familiar.

  • Promueva misiones de la parroquia para ayudar en los casos de violencia doméstica.

A los Comités de Liturgia

  • En los servicios de reconciliación de la parroquia identifique a la violencia contra la mujer como un pecado.

  • Incluya intercesores para las víctimas de abuso, para los hombres que abusan de la mujer, y para aquellos que ayudan tanto a las víctimas como a los agresores.

  • Haga lo posible por utilizar un lenguaje detallado en las celebraciones litúrgicas, del modo en que sea autorizado.

A las Comisiones de Mujeres y Otros Grupos de Mujeres

  • Incluya en los Boletines de la parroquia y en los directorios una lista de los nombres y números telefónicos de los contactos de la parroquia de modo que las mujeres abusadas puedan llamar a solicitar ayuda.

  • Busque la forma de que tanto las mujeres como los hombres estén representados en posiciones de liderazgo de la parroquia (ejemplo: en las finanzas de la parroquia y los consejos pastorales).

  • Ofrezca tiempo libre para reunirse y formar grupos de mujeres abusadas y hombres que cometen abusos.

  • Imparta planes de educación en su parroquia o diócesis en referencia a los crímenes de violencia contra la mujer.

  • Busque ayuda de personas de recursos en su parroquia que puedan ofrecer asistencia.
En última instancia, la mujer abusada deberá tomar sus propias decisiones sobre quedarse marcharse del hogar. Es muy importante el ser honesto con la mujer en cuanto a los riegos envueltos en este caso. Recuerde: La mujer se encuentra en el punto más peligroso de su situación cuando trata de abandonar su agresor. Las investigaciones han demostrado que "las mujeres que dejan a sus agresores tienen un riesgo de un 75 porciento mayor de ser asesinadas por el agresor que aquellas que se quedan."13

Conclusión y Oración Final

Esta declaración ha sido dirigida hacia el problema de la violencia contra las mujeres en sus hogares. Tal violencia tiene repercusiones directas sobre todos los que allí conviven, incluso hasta el extremo de sentar las bases para una situación de violencia reiterada en generaciones posteriores. Por consiguiente, urgimos a todos los padres y educadores y catequistas a enseñar a los niños desde una edad temprana que el abuso no es una conducta apropiada.

Como todos los pastores de la Iglesia, debemos dedicarnos a estimular todo aquello que fomente y fortalezca la vida familiar. Una de las fuentes que tenemos en nuestra vida de cristianos es la oración.

Los salmos en particular captan la dimensión y el alcance de la angustia humana y nos dan la esperanza y seguridad de la ayuda de Dios. El Salmo 31 debe haber sido una oración especialmente dirigida a las mujeres que están atravesando por situaciones de abuso.
Con todos ustedes oramos:

"Señor, ten compasión de mí,
pues estoy entre angustias;
mis ojos mi alma y mi cuerpo
languidecen de tristeza.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Mis enemigos hacen burla de mi,
mis vecinos se horrorizan
y mis conocidos se espantan de mí.
Si me ven en la calle se alejan de mí (...)
Soy como el objeto gastado y olvidado . . .
Pero yo, Señor, confío en tí,
recuerdo que "tú eres mi Dios."
(Salmo 31:10-15)

Notas Finales

  1. Comité, para Asuntos Sociales, Asamblea de Obispos de Quebec. A Heritage of Violence: A Pastoral Reflection of Conjugal Violence (Montreal: 1'Assemblee des eveques du Quebec, 1989).
  2. Líderes de la Iglesia de Canadá, "Violence Against Women." Testimonio presentado por una coalición de mujeres al panel canadiense contra la violencia hacia las mujeres.
  3. Council on Scientific Affairs, American Medical Association, "Violence Against Women," Journal of the American Medical Association (JAMA) (June 17, 1991: 3184-3189).
  4. The Women's Commission, A Pastoral Response to Domestic Violence (Richmond, Va.: Catholic Diocese of Richmond, n.d.).
  5. Commission on Women in Church and Society, Pastoral Response to Domestic Violence Against Women (Buffalo, N.Y: Catholic Diocese of Buffalo, n.d.).
  6. United States Catholic Conference, Office of Domestic Social Development, Violence in the Family: A National Concern, a Church Concern. Barbara Ann Stolz, ed.
  7. Ad Hoc Committee for the Pastoral on Women in Society and in the Church, National Conference of Catholic Bishops, Called to Be One in Christ Jesus, tercer borrado (Washington, D.C.: USCC, 1992), 46.
  8. JAMA, ibid.
  9. Ibid.
  10. Juan Pablo II, Mulieris Dignitatem (Sobre la Dignidad y la Vocación de la Mujer), Carta Apóstolica en ocasión del Año Mariano, 1989.
  11. Ibid., 15.
  12. Ibid , 7.
  13. National Coalition Against Domestic Violence, 1990.

Cuando Pido Ayuda: Una Respuesta Pastoral a la Violencia Doméstica contra la Mujer es una declaración con la colaboración del Comité de Obispos sobre el Matrimonio y la Vida Familiar y el Comité de Obispos sobre la Mujer en la Sociedad y en la Iglesia, ambos de NCCB. Fue preparada por el Secretariado de la Familia, los Laicos, las Mujeres y la Juventud bajo la dirección de dichos comités. Fue aprobada por el Comité Administrativo en septiembre de 1992 y affirmado por los miembros de la NCCB/USCC en noviembre de 1992. Su publicación ha sido autorizada por el que firma.

Monseñor Robert N. Lynch, Secretario General, NCCB/USCC

Copyright © 1992 de la United States Catholic Conference, Inc., Washington, D C. Todos los derechos están reservados. Ninguna porción de este trabajo puede reproducirse o ser transmitida. en cualquier forma o por cualquier medio, ya sea electrónico o mecánico, incluyenda fotocopias, grabados, o por cualquier sistema de recuperación y almacenaje de información, sin el permiso por escrito del propietario de los derechos .  


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