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Suenan las campanas por la libertad religiosa

 

Entre Amigos – Opinión/Comentario

7 de junio de 2012

Suenan las campanas por la libertad religiosa (Parte 1)
Por Mar Muñoz-Visoso

La gente a veces pregunta por qué los obispos católicos de Estados Unidos están haciendo tanto alboroto sobre la libertad religiosa en estos días. Después de todo, dicen algunos, aquí no se bombardean las iglesias y las personas no van a la cárcel sólo porque profesan una fe determinada.

La persecución religiosa tiene formas muy diversas. Hay maneras violentas y directas de negar a la gente el derecho que Dios les dio a la libertad religiosa. Y las hay sutiles y veladas, pero que ultimadamente buscan un fin similar. Si bien es de esperar que nunca lleguemos a los extremos de la primera, la segunda forma no es menos real o peligrosa, precisamente porque no es tan fácil de identificar.

La Primera Enmienda de la Carta de Derechos de EE.UU. dice: "El Congreso no hará ley alguna con respecto al establecimiento de la religión, o prohibiendo el ejercicio libre de la misma o que coarte la libertad de expresión o de prensa, o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente para pedir al gobierno la reparación de agravios”.

Son las primeras libertades enunciadas en la Declaración de Derechos (Bill of Rights), por una razón: todas ellas constituyen pilares fundamentales de la democracia de EE.UU. Son también los primeros derechos de los cuales regímenes autoritarios, de todo tinte y corte, privan a sus ciudadanos, ya que "interfieren" con la imposición uniforme de sus ideologías. Lamentablemente, ya se trate de dictaduras de derecha o de regímenes comunistas, en América Latina y España hemos tenido nuestra parte experimentos políticos que dan fe de esto.

La libertad religiosa es más que la mera “libertad de culto”. Va más allá de proteger nuestra capacidad de asistir a misa u otro servicio religioso. Garantiza a los ciudadanos de todas las confesiones religiosas, así como a los que no profesan ninguna, el derecho a contribuir a nuestra vida en común. Nosotros los católicos y otras personas religiosas traemos a la mesa común lo que somos y tenemos. Ponemos nuestras creencias, valores y estructuras al servicio del bien común porque nuestra fe nos exige que lo hagamos.

Tenemos el derecho y el deber de contribuir a la sociedad. La Iglesia invierte en el bien común, por ejemplo, estableciendo y operando escuelas, hospitales, universidades, instituciones de beneficencia y servicios sociales. Nuestro gobierno y la sociedad siempre han confiado en su ayuda y se han beneficiado de la vasta red que iglesias e instituciones religiosas proporcionan para ayudar a las personas necesitadas y para ayudar a formar buenos ciudadanos.

Pero cuando se nos dice que tenemos que dejar de ser lo que somos, dejar a un lado nuestras creencias, o sencillamente ir en contra de nuestra conciencia con el fin de poder contribuir al bien común, esto no incluye mucha "libertad”.

En 1809, Thomas Jefferson escribió que "Nada de lo dispuesto en nuestra Constitución debe ser más preciado para el hombre que aquello que protege los derechos de conciencia, frente a las acciones de la autoridad civil" (Carta a New London Methodist). Así que cuando el gobierno, en lugar de la autoridad religiosa, se arroga el poder de decidir qué entidades de cualquier confesión son suficientemente religiosas para ser consideradas una “institución religiosa”, o cuando las instancias religiosas son descalificadas para un contrato con el gobierno por sus creencia religiosa, algo está fallando terriblemente en el delicado equilibrio que buscaron nuestros Padres Fundadores.

La Quincena por la Libertad, de junio 21 a julio 4, convocada por la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU., es una oportunidad para aprender más acerca de la libertad religiosa, lo que es, qué está en juego si la perdemos, y por qué organismos religiosos de todo tipo están haciendo tanto alboroto al respecto.

El 4 de Julio algunas iglesias van a tocar sus campanas apoyando esta iniciativa. Así que, llegado el Día de la Independencia, que la libertad de religión resuene y que cada persona de fe en este país reclame el derecho a tener o no una creencia religiosa y a vivir y obrar en consecuencia.

 

Suenan las campanas por la libertad religiosa (Parte 2)

La primera parte de este artículo se refirió a cómo los ataques contra la libertad religiosa se dan de muchas formas, a veces violentas a veces sutiles. También vimos cómo nuestros Padres Fundadores trataron de lograr un delicado equilibrio mediante la protección de ciertas libertades fundamentales y como las personas creyentes son parte de la sociedad civil estadounidense. En la segunda parte, veremos ejemplos de una erosión gradual de las libertades religiosas en este país que han llevado a personas de diferentes confesiones religiosas a levantar su voz en contra de la injusticia y la discriminación.

El deterioro de la libertad religiosa en este país ha sido un proceso de décadas que abarca tanto administraciones demócratas como republicanas. No es sólo un problema del gobierno actual. La diferencia es que ahora se ha llegado a un momento crítico. Un punto sin retorno, que si no se aborda cambiaría de manera fundamental nuestra comprensión de la libertad religiosa y del frágil equilibrio creado por los redactores de la Constitución de los EE.UU.

Tres ejemplos recientes muestran cómo los ataques a la libertad religiosa pueden provenir de cualquier frente. Por ejemplo, varios estados han aprobado recientemente leyes que prohíben lo que el gobierno considera "dar refugio" a inmigrantes indocumentados, y lo que la Iglesia considera caridad cristiana y pastoral. Según algunas de estas leyes, sería ilegal proporcionar a los inmigrantes los sacramentos, animarlos a participar en la Misa, en los programas de educación religiosa, los estudios bíblicos, o darles asesoramiento de cualquier tipo. Quizás Alabama es el caso más notorio, y los obispos católicos, en colaboración con los obispos episcopales y metodistas del Estado de Alabama,presentaron una demanda contra esta ley.

"Es con tristeza que interponemos el presente recurso legal; pero lo hacemos con el profundo convencimiento de que nosotros, como personas de fe, no tenemos más remedio que defender el derecho al libre ejercicio de la religión que nos ha sido concedido en nuestra condición de ciudadanos de Alabama", dijo el obispo Thomas Rodi de Mobile, al explicar la acción legal.

También, a pesar del excelente trabajo realizado por los Servicios de Migración y Refugiados (MRS, por sus siglas en inglés) de la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU. en la administración de servicios contractuales para las víctimas de trata de personas, el gobierno federal cambió las especificaciones contractuales para exigir que MRS ofrezca a sus clientes servicios de anticoncepción y aborto, o los refiera otras entidades que los proveen, en violación de la doctrina católica.

"Las instituciones religiosas no deberían ser descalificadas de un contrato del gobierno por su creencia religiosa, y de ninguna manera pierden su identidad religiosa o su libertad al firmar esos contratos", dicen los obispos en Nuestra Primera y Más Preciada Libertad, una declaración de marzo 2012 sobre la libertad religiosa.

Un tercer ejemplo es la reciente orden del Servicio de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) que obliga a los empleadores a proporcionar a las mujeres anticoncepción, esterilización y drogas que provocan abortos. De una manera sin precedentes, el gobierno federal va a obligar a las instituciones religiosas a participar en algo que está en contra de su enseñanza moral.

"No se trata de si la anticoncepción puede ser prohibida por el gobierno. Ni siquiera es una cuestión de si la anticoncepción puede ser apoyada por el gobierno. La cuestión es si personas e instituciones religiosas pueden ser forzadas por el gobierno a dar cobertura [en sus planes médicos] a la anticoncepción o la esterilización, incluso si eso viola sus creencias religiosas ", dijo el arzobispo William Lori de Baltimore, en su alocución ante el Congreso.

Ejemplos aparte, los católicos no son los únicos preocupados por la erosión de la libertad religiosa. En una declaración sobre el mandato anticonceptivo de la actual administración, la Unión de Congregaciones Judías Ortodoxas de América dijo: "Lo más preocupante es la razón subyacente en la decisión de la Administración, que parece considerar que si una entidad religiosa no es insular sino que participa ampliamente en la sociedad, entonces pierde su carácter religioso y sus libertades."

La separación de Iglesia y Estado es un elemento importante de la democracia. Tanto si se trata de ejecutar un programa o elevar su voz por las libertades civiles, las religiones y las iglesias tienen un lugar en el discurso civil. Como el reverendo Martin Luther King Jr. dijo, "la Iglesia no es ni el dueño ni el siervo del estado; sino su conciencia, guía y crítico".

Y haciéndose eco de la carta de marzo de 2012 de Evangélicos y Católicos Juntos, “En Defensa de la Libertad Religiosa”, los obispos católicos señalan en su declaración que "como cristianos de distintas tradiciones, nos oponemos a una "plaza pública desnuda" despojada de argumentos religiosos y de creyentes. Tampoco buscamos una "plaza sagrada” con privilegios y beneficios especiales para los ciudadanos que profesan una religión. En su lugar, buscamos una plaza pública cívica en la que todos los ciudadanos puedan contribuir al bien común".

No deberíamos estar dispuestos a sacrificar los pilares fundamentales de nuestra democracia a ideologías de ningún tipo. La Quincena por la Libertad, de junio 21 a julio 4, convocada por la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU., es una oportunidad para aprender más acerca sobre la libertad religiosa y por qué organismos religiosos de todo tipo están alzando sus voces al respecto.

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Mar Muñoz-Visoso es directora ejecutiva del Secretariado de Diversidad Cultural en la Iglesia en la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos

 


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