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Comentario sobre las Oraciones Propias de Adviento del Misal Romano

 

Extractos del Misal Romano, tercera edición © 2014 United States Conference of Catholic Bishops – Conferencia Episcopal Mexicana. Se reservan todos los derechos. Ninguna porción de este trabajo puede reproducirse o ser transmitida en forma o medio alguno, ya sea electrónico o mecánico, incluyendo fotocopias, grabaciones, o por cualquier sistema de recuperación y almacenaje de información, sin el permiso por escrito del propietario de los derechos.



Primer domingo de Adviento

Colecta

Concede a tus fieles, Dios todopoderoso,
el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene a nosotros,
para que, mediante la práctica de las buenas obras,
colocados un día a tu derecha,
merezcamos poseer el reino celestial.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

Comentario

  • La actividad creciente de los fieles se pone de manifiesto en esta traducción, revelando la riqueza de la oración latina que se remonta a la Roma y Galia del siglo VII.
  • La oración comienza con el don del Dios todopoderoso, pero el modo en que Dios da es parte del don. El Todopoderoso solicita nuestra cooperación en nuestra propia transformación.
  • Al principio de la oración se nos describe como los fieles de Dios. Afirmamos lo que oramos.
  • Luego la oración ofrece una reflexión poética sobre nuestras vidas cristianas. Nuestro camino en la vida se describe como un correr al encuentro de Cristo.
  • A lo largo del camino logramos obras rectas por la gracia de Dios. Durante el camino, Cristo sale en nuestro encuentro. No sólo esta oración describe nuestro peregrinar por la vida, sino que describe nuestro camino en este domingo al venir al templo donde Cristo nos encuentra en su cuerpo en la Iglesia viva, en la palabra proclamada, en los ministros y, especialmente en la comunión que compartimos.
  • Somos congregados a la derecha de Cristo siempre que caminamos a este encuentro con Cristo que viene a nosotros no sólo en la liturgia, sino en los más pequeños de nuestros hermanos y hermanas. Nuestro humilde servicio a los demás proporciona las obras justas que nos acompañan a su venida. Luego volvemos a ir en procesión, llevando nuestras ofrendas económicas para que, a través de ellas, la Iglesia pueda continuar sus buenas obras en la sociedad.
  • El Todopoderoso solicita nuestra cooperación en nuestra propia transformación para que, por el don de Dios seamos hechos dignos de poseer el reino celestial.

Oración sobre las Ofrendas

Recibe, Señor, estos dones que te ofrecemos,
tomados de los mismos bienes que nos has dado,
y haz que lo que nos das en el tiempo presente
para aumento de nuestra fe,
se convierta para nosotros
en prenda de tu redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Comentario

  • La vida en el Señor implica un continuo intercambio recíproco de dones. Este intercambio ocurre a dos niveles en esta oración: a nivel de los dones concedidos y de las personas que se entregan a sí mismas.
  • Esta oración aparece solamente una vez en la historia de la liturgia, en una compilación de misalitos desarrollados en Roma en el siglo VI, hasta que la oración fue descubierta e incluida en la edición latina del Misal Romano de 1970.
  • Cuando se presentan los dones de pan y vino y las contribuciones monetarias, el pan y vino se preparan y colocan sobre el altar y se dice esta oración sobre ellos.
  • El don divino inicial comienza el intercambio. El Señor da vida a todas las cosas y con el cuidado humano hace brotar el grano y la uva de la tierra. Por medio del trabajo humano producimos desde el fruto de la tierra el pan y el vino que se ofrece en la Misa, así como la comida que se ofrece a los hambrientos en su necesidad. Las contribuciones económicas que se ofrecen se pueden ver también como colaboración humana con los dones divinos, tanto los recursos naturales como los humanos.
  • De estos dones que el Señor nos ha ofrecido generosamente, ofrecemos una porción en acción de gracias para compartir en la comunión y compartir con nuestro prójimo necesitado. Pedimos al Señor que acepte estos dones.
  • El segundo nivel de intercambio ocurre en esta oración cuando el Señor nos concede celebrar devotamente la liturgia y, por implicación, dar vida de la liturgia que celebramos. Nuestra colaboración con Dios al responder al don divino es lo que nos consigue la redención eterna. Más que una simple recompensa dada después de la muerte, la redención eterna en esta oración caracteriza nuestro modo de dar de la Eucaristía que se nos concede celebrar.

Oración después de la Comunión

Te pedimos, Señor, que nos aprovechen
los misterios en que hemos participado,
mediante los cuales,
mientras caminamos en medio de las cosas pasajeras,
nos inclinas ya desde ahora a anhelar las realidades celestiales
y a poner nuestro apoyo en las que han de durar para siempre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Comentario

  • La oración después de la Comunión se refiere a ofrecer una reflexión sobre la Comunión en la que acabamos de participar y mira adelante para decirnos cómo conducirnos en nuestras vidas a la luz de la Eucaristía que acabamos de celebrar.
  • Esta oración fue compuesta para la edición latina de 1970 del Misal Romano y se basa en dos oraciones romanas del siglo VI, que más tarde se perdieron para la tradición litúrgica.
  • Esta oración recurre al lenguaje de un intercambio comercial para indicar que en el negocio con nuestro Señor somos nosotros los beneficiados. La participación requiere reflexión personal que, acompañada por el don continuo de nuestro Señor, es de provecho para nosotros.
  • Al prepararnos para regresar a nuestras vidas diarias, nuestro camino se describe como un paseo entre las cosas pasajeras. Incluso las cosas pasajeras, sin embargo, son útiles para la instrucción divina por la que aprendemos a distinguir entre las cosas pasajeras y lo duradero. Una vez que hemos aprendido a distinguir entre ellas, aprendemos a amar las cosas del cielo y a aferrarnos a lo duradero.
  • La oración no dice que debamos rechazar las cosas pasajeras, ni describe las cosas de este mundo de manera negativa. Más bien, el pan y vino Eucarísticos que compartimos son las cosas duraderas celestiales, el cuerpo y la sangre de Cristo. Al compartir nuestro pan diario en Comunión, aprendemos como comunidad a valorar, aferrarnos e incluso amar las cosas duraderas celestiales.
  • La Comunión que compartimos moldea nuestra conducta diaria a medida que aprendemos a valorar incluso las cosas pasajeras como portadoras de las cosas duraderas del cielo.


Segundo domingo de Adviento

Colecta

Dios omnipotente y misericordioso,
haz que ninguna ocupación terrena sirva de obstáculo
a quienes van presurosos al encuentro de tu Hijo,
antes bien, que el aprendizaje de la sabiduría celestial,
nos lleve a gozar de su presencia.
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

Comentario

  • En el evangelio este domingo Juan Bautista nos dice que preparemos el camino al Señor. No está hablando del bebé en el establo, sino sobre el adulto cristiano que pronto va a comenzar su ministerio público. Esta oración presenta nuestra respuesta a la llamada de Cristo a unirnos a su compañía.
  • La oración aparece por primera vez en la tradición parroquial romana del siglo VII y en siete manuscritos subsiguientes antes de que se perdiera para la tradición litúrgica, hasta que fue recuperada por la edición latina del Misal Romano de 1970.
  • Al congregarnos para encontrarnos con Cristo en la asamblea, en la palabra, en los ministros y en la Eucaristía, nuestros propios esfuerzos por llegar a la iglesia con la disposición adecuada proporcionan el contexto de esta oración sobre apresurarse al encuentro con Cristo. Nos reunimos desde todos los puntos y situaciones en la vida y estas empresas terrenas no deben poner una luz negativa excepto si nos obstaculizan en nuestra pureza de intención de seguir a Cristo y a su compañía.
  • Aprendemos sabiduría celestial en la liturgia de la palabra cuando escuchamos la voz de Cristo, la Sabiduría de Dios. Esta sabiduría celestial, a su vez, nos ayuda a conducir nuestras empresas terrenas de modo que no nos impida una pureza de intención de seguir a Cristo y a su compañía.
  • Conseguimos admisión a la compañía de Cristo cuando somos bautizados como cristianos y una y otra vez de nuevo cuando nos unimos a los bautizados en la celebración litúrgica en la que formamos el Cuerpo de Cristo, la Iglesia en acción. Conseguimos admisión a esta compañía cuando compartimos la Comunión. Conseguimos admisión a la compañía de Cristo cuando le damos la bienvenida cuando viene a nosotros en nuestro prójimo necesitado, lo cual es el único criterio dado en el Evangelio para el juicio final y la admisión en la compañía de los santos.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,
nuestras humildes súplicas y ofrendas,
y puesto que no tenemos merecimientos en qué apoyarnos,
socórranos el poderoso auxilio de tu benevolencia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Comentario

  • El lenguaje técnico que se emplea en esta oración sugiere que estamos ante el magistrado necesitando que alguien abogue por nuestra causa. Los solos méritos de nuestra causa son inadecuados en nuestra situación.
  • La oración aparece tanto en la tradición papal romana como en tradiciones parroquiales del siglo VII, pero sólo la versión parroquial tiene las palabras “de tu benevolencia”, que se han conservado en la oración actual.
  • Al ofrecer oraciones y ofrendas, sin importar lo insuficientes que sean, pedimos que le agraden al Señor. Nuestras oraciones y ofrendas, sin embargo, no se puede usar para manipular para que Dios actúe en nuestro nombre, ni están dirigidas a eso.
  • Más bien, estamos ante Dios indefensos y suplicamos que el Señor venga a rescatarnos, no porque tenga obligación, sino por la abundancia de su divina benevolencia. Mientras que otras oraciones y ofrendas indican un intercambio continuo y recíproco de dones entre Dios y la humanidad, esta oración enfatiza la gratuidad del don divino.
  • Esta oración se presenta antes de que comience la Plegaria Eucarística, y anticipa la venida del Señor en la Eucaristía que entrega su cuerpo como nuestro pan diario y su sangre como nuestra protección. Esta entrega corporal en forma de alimento y bebida que comparta nos rescata. Anticipando su total generosidad en el don divino, ofrecemos lo que tenemos, oraciones de acción de gracias y sencillas ofrendas de pan y vino y nuestro ministerio de servicio a nuestro prójimo necesitado.
  • Desde esta experiencia aprendemos que cada uno de nosotros está llamado a entregarse a menudo en relaciones que no son mutuas y a dar no porque otros se hayan ganado lo que seamos capaces de dar, sino porque hemos aprendido los caminos de la abundante benevolencia.

Oración después de la Comunión

Saciados por el alimento que nutre nuestro espíritu,
te rogamos, Señor,
que, por nuestra participación en estos misterios,
nos enseñes a valorar sabiamente las cosas de la tierra
y a poner nuestro corazón en las del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Comentario

  • Pedimos que la Comunión que acabamos de compartir nos enseñe a conducirnos en nuestra vida diaria.
  • La tradición parroquial romana primitiva asignó esta oración a los primeros seis domingos de Adviento, pero para el tiempo en que se incluyó en el sacramentario papal del siglo VI, el Adviento en Roma se había acortado a cuatro domingos.
  • La oración comienza reflexionando sobre la Comunión que acabamos de compartir. Se llama comida y alimento espiritual. Compartir en la comida y bebida eucarísticas es participar en el misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo y lo hacemos como comunidad, que es ella misma el cuerpo de Cristo, la Iglesia.
  • Al prepararnos para regresar a nuestras vidas diarias, oramos que la participación en este misterio nos instruya para nuestra conducta diaria. La Eucaristía nos enseña que el alimento, producto del trabajo humano, es para ser compartido y que el alimento eucarístico es al mismo tiempo el don del ser divino.
  • Aprendemos a valorar el esfuerzo personal inherentes en el pan y el vino y todos los productos del trabajo humano. Aprendemos que el ofrecer estos sencillos dones a Dios es una expresión de nuestra propia entrega a Dios en respuesta al don personal de Dios a nosotros. Así compartimos en este misterio al compartir este intercambio de la entrega personal que se lleva a cabo en una comunidad de dones compartidos.
  • Las cosas del cielo incluyen esta participación en la Comunión que es esencial a la Unidad Trinitaria de Dios. Participamos en la Comunión en la Iglesia a través de nuestra vocación, el modo específico en que nos entregamos a Dios y al prójimo.
  • El compartir en este intercambio nos enseña a percibir y juzgar sabiamente el don genuino de la entrega propia en comunión con los demás.


Tercer domingo de Adviento

Colecta

Dios nuestro, que contemplas a tu pueblo
esperando fervorosamente la fiesta del nacimiento de tu Hijo,
concédenos poder alcanzar la dicha que nos trae la salvación
y celebrarla siempre,
con la solemnidad de nuestras ofrendas y con vivísima alegría.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

Comentario

  • En esta oración nuestra atención se vuelve a la ya cercana fiesta del Nacimiento del Señor o Navidad.
  • La oración está sacada de un pergamino del siglo V o VI, originalmente de Ravena, que contiene cuarenta oraciones. Más de una docena de estas oraciones fueron incluidas en el ciclo de Adviento-Navidad de la edición latina del Misal Romano de 1970 y posteriores.
  • En esta oración somos conscientes de que Dios nos mira, mientras anticipamos con ilusión la cercana fiesta de la Natividad del Señor. Así, esta oración nos da la oportunidad de considerar cómo los miembros de la asamblea dominical esperan con ilusión la Navidad.
  • Esta oración es presentada por toda la Iglesia, lo cual incluye a niños, adolescentes, adultos y mayores. Y, sin embargo, tanto la oración como la festividad de la Natividad del Señor tienen significados diferentes para cada persona en el curso de su vida.
  • Los niños pueden ser introducidos al misterio celebrando el cumpleaños de Jesús. Esta oración no se enfoca en el nacimiento histórico de Cristo, sino en su significado para nosotros hoy, así como el cumpleaños de un niño celebra la vida del niño dentro de nosotros.
  • Al madurar en la vida podemos comenzar a descubrir distintos tonos sutiles en esta oración. A medida que los adolescentes, empiezan a apreciar los modos en que somos salvados, llegan a nombrar y a celebrar los gozos de nuestra salvación en Cristo.
  • Los adultos, a través de sus compromisos con otros y su contribución profesional a la sociedad, pueden llegar a compartir de muchos modos en la fecundidad de esta fiesta y pueden aprender de la humildad del Salvador.
  • Los ancianos pueden reflexionar sobre las muchas fiestas de Navidad que han celebrado para darse cuenta de que, en realidad, han alcanzado los gozos de su salvación. Pueden hacerse conscientes de que todo es don y todavía está incompleto.

Oración sobre las Ofrendas

Que este sacrificio, Señor,
que te ofrecemos con devoción,
nunca deje de realizarse,
para que cumpla el designio que encierra tan santo misterio
y obre eficazmente en nosotros tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Comentario

  • Nuestro sacrificio de culto completa el plan divino de salvación en Cristo y realiza la obra salvadora de Dios en nosotros.
  • Originalmente asignada a una Misa de las témporas de septiembre en una colección de misalitos romanos del siglo VI, para el siglo VII se había transferido al tiempo de Adviento para su uso en la tradición romana.
  • La frase, “el sacrificio que te ofrecemos” evoca el ofrecimiento vespertino de incienso del que se habla en el salmo 141 (140), 2: "Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde". El usar incienso durante la preparación de los dones refuerza esta imagen de ofrecer un sacrificio de alabanza.
  • La frase también evoca una línea conocida de la Plegaria Eucarística III, que se saca de la palabra de Dios del último libro del Antiguo Testamento, Malaquías 1, 11: "De la aurora del sol hasta el ocaso, mi nombre es grande entre los pueblos. Y por todas partes se ofrece sacrificio a mi nombre, un sacrificio sin mancha".
  • La carta a los hebreos (13, 15) menciona el sacrificio de alabanza: "Ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, el sacrificio de alabanza, es decir el homenaje de los labios que bendicen su nombre". Esta oración hace exactamente eso cuando da el nombre divino, Señor.
  • El Catecismo de la Iglesia Católica también describe la Eucaristía como "'sacrificio de alabanza', sacrificio espiritual, puro y santo sacrificio" (n. 1330).
  • Cuando ofrecemos un sacrificio de culto el Señor obra en nosotros y realiza en nosotros nuestra salvación completando así en nosotros el sagrado misterio. Ofrecemos nuestro sacrificio de alabanza sin cesar, es decir, durante la liturgia y en la vida diaria.

Oración después de la Comunión

Imploramos, Señor, tu misericordia,
para que estos divinos auxilios nos preparen,
purificados de nuestros pecados,
para celebrar las fiestas venideras.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Comentario

  • Esta oración sugiere cómo la liturgia entera nos ayuda a prepararnos para celebrar las fiestas venideras.
  • En la práctica parroquial romana del siglo VII, esta oración, que entonces incluía una referencia al ayuno fue asignada al martes de la segunda semana de Cuaresma, pero la práctica papal romana del mismo tiempo asignaba esta oración, sin la referencia al ayuno a su lugar actual en la tercera semana de Adviento.
  • El sostén divino se refiere inmediatamente a la Comunión que compartimos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Compartimos un pan y un cáliz y nos convertimos en un solo Cuerpo de Cristo. Este sostén, por tanto, es también nuestra comunión de unos con otros en la Iglesia.
  • La oración después de la Comunión, sin embargo, no solo concluye el rito de la Comunión, sino que concluye toda la liturgia. A esta luz, el sostén divino también se refiere a la Palabra de Dios proclamada en las Escrituras y seguida de reflexión personal en silencio y una reflexión común en la homilía. La Palabra de Dios es más aguda que una espada de dos filos y consigue su fin. Nos preparamos para las fiestas venideras congregándonos como Cuerpo de Cristo, reflexionando sobre la Palabra de Dios proclamada en la liturgia, y especialmente por la Comunión que compartimos.
  • El alimento divino del Cuerpo y Sangre de Cristo, nuestra comunión como Iglesia, la reflexión sobre la Palabra de Dios proclamada, todo ello nos limpia de nuestras faltas. Nos preparamos para las fiestas venideras siendo limpios de nuestras faltas y reparando por ellas. Muchas parroquias proporcionan la oportunidad del Sacramento de la Penitencia en preparación para la Navidad.


Cuarto domingo de Adviento

Colecta

Te pedimos, Señor, que infundas tu gracia en nuestros corazones,
para que, habiendo conocido, por el anuncio del ángel,
la encarnación de tu Hijo,
lleguemos, por medio de su pasión y de su cruz,
a la gloria de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

Comentario

  • Muchas personas están familiarizadas con esta oración del Angelus, que conmemora la encarnación de Cristo.
  • La oración viene de la práctica papal del siglo VII en Roma en que fue asignada al 25 de marzo, la fiesta de la Anunciación, cuando el ángel se apareció a María cuando concibió a Cristo. Para la edición latina del Misal Romano de 1970, la oración se pasó al último domingo antes del nacimiento de nuestro Señor.
  • El ángel que anuncia el nacimiento de Cristo se refiere no sólo al ángel que se apareció a María en la Anunciación, sino a los ángeles que se aparecieron a los pastores, que fueron a dar homenaje al recién nacido.
  • La oración no se refiere explícitamente a la muerte de Cristo, sino que más bien sutilmente se refiere a la Pasión y Cruz de Cristo. Como discípulos de Cristo, nuestro modo de vida a veces se describe como un tomar nuestra cruz. La oración también sutilmente se refiere a la gloria futura, ya revelada en nuestra historia cuando Cristo se apareció en gloria a los discípulos. Por tanto, el modo cristiano de vida se caracteriza por llevar nuestra cruz y ya gozar de la gloria de la resurrección.
  • Esta oración conserva una intuición temprana de que todo el misterio de Cristo desde su encarnación, pasión, muerte y resurrección y su presencia continuada en su cuerpo, la Iglesia, es un único misterio. Los momentos específicos de este misterio en la historia de la salvación se marcan en el curso del año litúrgico, pero esta oración nos recuerda que todo domingo, toda liturgia celebra el misterio entero y nuestra participación en él.

Oración sobre las ofrendas

Que santifique, Señor, estos dones, colocados ante tu altar,
el mismo Espíritu Santo que fecundó con su poder
el seno de la bienaventurada Virgen María.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Comentario

  • En la oración colecta, el ángel dio a conocer la Encarnación, que se realizó en el poder santificador del Espíritu según esta oración. La encarnación y la consagración del pan y el vino están conectados en esta oración por obra del Espíritu.
  • Los Sacramentarios romanos que representan tanto la práctica papal como la parroquial en la ciudad fueron ampliamente difundidos al norte de los Alpes, donde la dos tradiciones y las prácticas locales se fusionaron de diversos modos. Esta oración surge de esa creatividad primero en Francia durante el siglo VIII y por último llegó a ser parte de la tradición romana.
  • En la Basílica de San Pedro en Roma, hay un monumental baldaquino sobre el altar, un palio apoyado en cuatro columnas barrocas de Bernini. Bajo el palio, directamente sobre el lugar en el altar donde se colocan las ofrendas de pan y vino, hay una imagen del Espíritu Santo. Todo el baldaquino es, de hecho, una expresión arquitectónica del papel del Espíritu en la transformación de los dones de pan y vino dispuestos sobre el altar. Muchas iglesias antiguas tienen una expresión así del Espíritu Santo sobre las ofrendas.
  • Nos preparamos a celebrar el nacimiento de Cristo con esta referencia a la encarnación, es decir, a la Anunciación del ángel a la Virgen María cuando concibió al Salvador. El Espíritu activo en el misterio de la Encarnación está ahora también activo en la transformación del pan y el vino. En muchas iglesias, al acercarnos al altar a recibir la comunión, llegamos a estar bajo una bóveda con la imagen del Espíritu en lo más alto. Así también el Espíritu santifica a la asamblea que participa en la liturgia y trae la unidad a la Iglesia.

Oración después de la Comunión

Habiendo recibido esta prenda de redención eterna,
te rogamos, Dios todopoderoso,
que, cuanto más se acerca el día de la festividad que nos trae la salvación,
con tanto mayor fervor nos apresuremos a celebrar dignamente
el misterio del nacimiento de tu Hijo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Comentario

  • Habiendo recibido la promesa de eternidad, oramos para celebrar dignamente el principio de esa promesa en la natividad de Cristo.
  • Compuesta para la edición latina del Misal Romano de 1970, la primera parte de la oración viene de un misalito para la fiesta de san Lorenzo que fue incluido en una compilación de libritos de misa romanos del siglo VI. La segunda mitad fue adaptada de una oración asignada al viernes de la tercera semana de Cuaresma en la práctica papal del siglo VII.
  • La oración reflexiona sobre el rito de la Comunión que concluye y utiliza el lenguaje de comercio para hablar sobre la Eucaristía como promesa de un anticipo de pago o garantía de la redención eterna.
  • Esta oración también mira hacia la semana entrante en que celebramos la Natividad de Cristo. Nos preparamos para celebrar la Navidad preparando regalos, cumpliendo compromisos sociales, decorando la casa y preparando la comida festiva. Esta oración sugiere que consideremos nuestros preparativos a la luz del misterio que estamos preparándonos a celebrar. La Natividad también se llama festividad de nuestra salvación. La oración nos desafía a discernir cuántos de nuestros compromisos surgen de este misterio de nuestra salvación y a juzgar sabiamente sobre los muchos modos de prepararnos para la fiesta con dignidad apropiada al misterio que celebramos.
  • Al prepararnos para celebrar la Natividad de Cristo, hemos ya recibido un anticipo de la fiesta de bodas del cordero, el banquete celestial. Mientras que la Iglesia marca la vida de Cristo en el curso del año cósmico, cada liturgia celebra el misterio entero de nuestra salvación en Cristo. Así también la fiesta de la Navidad nos da oportunidad para celebrar este misterio del amor de Dios entre nosotros, no sólo el día de Navidad, sino en cada comida y todos los días.


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