En torno a una legislación imperfecta

Cardenal John O'Connor


Existen unos males conocidos como males intrínsecos, es decir, males en sí que no se pueden justificar bajo ninguna circunstancia. El aborto voluntario es uno de ellos. Por ejemplo, una madre con una hija adolescente embarazada. La madre no quiere que su hija se haga un aborto por los daños emocionales y espirituales que le causaría a su hija. Pero al mismo tiempo, la madre no quiere que su hija tenga un bebé y renuncie a sus sueños y planes futuros. ¿Existe aquí la posibilidad de una buena elección? ¿Puede considerarse el aborto un "mal menor"? No, porque el aborto es un mal intrínseco. Sencillamente no tiene justificación.

Este principio aplica igualmente en los casos de violación o incesto. Un niño por nacer es un ser humano inocente que no ha cometido crimen alguno, independientemente de cómo haya sido concebido. Nunca podrá ser moralmente correcto destruir una vida inocente.

El menor de los males

Es cierto que muchos de los que militan en los movimientos pro-vida se transan por lo que llaman la legislación "imperfecta", es decir, una legislación que permita el aborto bajo muy limitadas circunstancias, tales como los casos de violación o incesto. Pero dicha legislación es considerada sólo como un mal menor, y los que la apoyan continúan trabajando por una ley que determinantemente prohíba el aborto, por la razón que sea.

Lo anterior no implica que el aborto en los casos de violación o incesto sea un mal "intrínsico" menor que en otros casos, o que los activistas de los movimientos pro-vida lo acepten como un mal moralmente menor. Podría considerarse como un mal legalmente menor. Lo cual implica que en un momento dado la realidad política sea que una ley que prohíba terminantemente el aborto sea imposible. En tales circunstancias, los teólogos morales señalan que es mejor tener una legislación "imperfecta" que permita salvar muchas vidas de bebés no nacidos, y a la vez continuar trabajando tenazmente a favor de una legislación "perfecta" que permita salvar todas las vidas de los bebés no nacidos, en un futuro cercano.

Una acusación injusta

A mi juicio, acusar a los que luchan por una legislación imperfecta es injusto, aunque lo máximo que puedan lograr en un momento dado sea "sacrificar las vidas" de aquellos niños no nacidos que saben que no pueden proteger al mismo tiempo. Yo personalmente conozco funcionarios públicos que han dedicado toda su carrera política a luchar por la protección de todos los bebés no nacidos. A la fecha, no han tenido un éxito absoluto, pero doy gracias a Dios por la enorme cantidad de bebés que han logrado salvar.

Y más que eso, han logrado mantener viva en nuestro país la conciencia de que todo aborto es malo. Han ayudado a mantener vivo el movimiento pro-vida. Muchos de ellos han consistentemente arriesgado su futuro político por esto, y han sufrido represalias por parte de activistas del movimiento pro-aborto. Así que si algún miembro del movimiento pro-vida los acusa de "hacer un trueque" con los bebés concebidos a consecuencia de violación o incesto, como si fueran insensibles al carácter sagrado de la vida humana o por proteger su posición política, eso sería una injusticia, una falta de caridad y terriblemente contraproducente a la causa de la vida.

Deben darse las condiciones

Este conflicto sobre la ley imperfecta ha sido definitivamente causa de división en el movimiento pro-vida. Me parece que nuestra meta debe ser siempre avanzar lo máximo posible en la protección de los bebés no nacidos. Sin embargo, ciertamente me parece que en los casos en que una legislación perfecta es claramente imposible, es moralmente aceptable apoyar un proyecto de ley pro-vida, aunque con reticencia, que contemple excepciones si se presentan las condiciones siguientes:

  • No existe otro proyecto de ley factible que restrinja las actuales y permisivas leyes sobre el aborto más de lo que lo hace el proyecto de ley propuesto;
  • El proyecto de ley propuesto es más restrictivo que la ley vigente, es decir, el proyecto no debilita las restricciones existentes sobre el aborto; y
  • El proyecto de ley propuesto no impide que en el futuro puedan existir leyes más restrictivas.
Adicionalmente, hay que dejar claro que no creemos que un proyecto de ley que contenga excepciones sea el ideal, y que continuaremos promoviendo la necesidad de una legislación futura que proteja la vida humana de un modo más completo.

Juicio prudencial

Reconozco que algunos en el movimiento pro-vida podrían considerar que el curso de acción antes señalado es desaconsejable, desde el punto de vista político o estratégico, pero eso ya es materia de un juicio prudencial. No es un asunto de apoyar un mal intrínseco como tal.

Estoy de acuerdo, y aliento fuertemente la declaración siguiente por parte del Comité Conjunto sobre Asuntos Bioéticos de la Conferencia de Obispos Católicos de Gran Bretaña.

"En una sociedad que ampliamente permite y procura el aborto (p. ej. pagándolo con fondos públicos), algunos podrían decidir que la justicia y el bien común se pueden servir apropiadamente haciendo campañas que firmemente buscan lo que es 'políticamente imposible': protección bajo la ley, plena e igual, para los no nacidos. Otros podrían considerar que lo correctos es concentrarse en hacer presión para que existan medidas protectoras que aunque son menos que lo ideal, son más que las que permiten las injustas leyes de hoy, y tienen, ellos consideran, mejores perspectivas para que se conviertan en ley y se hagan cumplir.

Aquellos que escogen la senda más estricta no deberán juzgar de manera adversa a los que promueven la legislación imperfecta, siempre y cuando las acciones y actitudes de ésta última estén en armonía con todas las otras normas... Ni tampoco los que promueven la legislación imperfecta deberán hacer juicios adversos en contra de los que con su preferencia por la senda más estricta pareen impedir la búsqueda de lo que es políticamente posible. Las críticas adversas de ambos grupos contra los otros podría minar el esfuerzo común — extender la misma protección de la ley a todos". (Informe 89, Vol. 19, No. 14, julio 7, 1989.)
El Cardenal O'Connor fue Arzobispo de Nueva York y presidente del Comité de Actividades Pro-Vida de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos. Este ensayo pertenece a una edición especial de "From my Viewpoint" publicada originalmente en Catholic New York, El Aborto, Preguntas y Respuestas, 14 de junio, 1990. Reproducción autorizada.

Nota Especial [del Cardenal O'Connor]: la siguiente edición de "From My Viewpoint" está hecha para los católicos de la Arquidiócesis de Nueva York. Puede ser de interés para otros lectores de Nueva York y otros lugares, pero deseo aclarar que, como Arzobispo de Nueva York, lo ofrezco para tratar de satisfacer las necesidades dentro de mi propia arquidiócesis. No lo hago en mi condición de Presidente del Comité Pro-Vida de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos. No pretende representar a dicho comité, ni hablar en nombre de los Obispos de los Estados Unidos.

Traducción: Marina A. Herrera, Ph.D. Bethesda, MD

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